martes, 3 de junio de 2014

Lolita (parte 1)

Lolita, Lolita, la irremediable Lolita, como ya es su costumbre en un domingo por la noche se encuentra sodomizando a un hombre, ¿su nombre? Ya no puede recordarlo, carece de importancia.
Los hombres…esas bestias, a veces deformes, a veces hermosas, pero rara vez interesantes para Lolita, para ella todos resultan inferiores, esclavos de sus instintos carnales, a sus dieciséis años ya lo sabe bastante bien.
Penetró fuertemente a aquel hombre con la ayuda del arnés que llevaba entre sus piernas, a la vez que recorría su espalda con un par de garras metálicas arrancando trozos de piel, los gritos inundaron aquel cuarto a prueba de sonido y a pesar de ser tan poco masculinos no disminuían la libido de Lolita.
Pero claro, ella no siempre pasó sus fines de semana introduciendo objetos en los esfínteres de algún desconocido, no, ella alguna vez también fue una niña ordinaria, aunque esto terminó muy pronto, de hecho a la edad en la que algunos cuantos siguen teniendo problemas con sus propios esfínteres, la tierna edad de tres años.
Existen borrosos recuerdos al respecto, un trato…unos libros…de lo que está segura es que accedió a hacerlo. Aquél hombre tumbado sobre un sillón con los ojos fijos en ella, tan atento que apenas pestañea…el trato…él le había dicho que si lo besaba podría tener aquellos bonitos libros llenos de dibujos, a ella no le importaba, sabía lo que era, lo había visto en la televisión, no le pareció gran cosa, así que se acercó a él dando pequeños pasitos y al llegar frente a él hizo el característico puchero que tantas veces había visto.
Él la tomó fuertemente de sus pequeños hombros y le introdujo su rasposa lengua hasta la garganta, tenía un sabor amargo y se sentía como un asqueroso molusco retorciéndose en su boca, ella se arrepintió y comenzó a forcejar pero él no se detenía, contrario a eso bajo la mano hacia los botones de su gabardina roja y…
El recuerdo se detuvo, no quería seguir pensando en aquél día, además carecía de importancia, ya no era una víctima más, ahogo sus pensamientos con los gritos del desconocido y laceró su piel hasta que todo se tiñó de rojo, dejó caer sus instrumentos de metal y acercó su cuerpo a ese elíxir, frotó su cara y sus pechos desnudos sobre él, probando el inigualable sabor a vida y metal mientras penetraba más profundamente a ese ser, el arnés estimulaba su clítoris y no tardó en estallar de placer, se retiró de aquel cuerpo notando que también sangraba analmente, eso la hizo sonreír.
Caminó hacia el muro donde tenía expuestas sus armas y utensilios, decidió usar un cliché, tomó una enorme sierra eléctrica, siempre era divertido ver la reacción de su víctima, escuchar sus súplicas y sus promesas sin que supieran que las primeras no le importaban y ya no podía creer en las segundas.
Encendió la sierra y la acercó al cuerpo, esta vez no estaba de humor para juguetear así que lo cortó por la cintura sin preámbulos, era sorprendente la facilidad con que destrozaba los cuerpos salpicándolo todo de sangre y trozos de carne, los intestinos no tardaron en caer al igual que sus piernas, la parte superior sólo se detuvo por los grilletes que lo sostenían.
Miró su reloj, ya limpiaría ese caos después, se le hacía tarde para ir a la escuela. 

lunes, 2 de junio de 2014

El Burdel de las Parafilias



Leonel había escuchado rumores acerca de un burdel clandestino en el centro de la ciudad, decían que en ese lugar se llevaban a cabo toda clase de perversiones, desde BDSM hasta canibalismo, zoofilia, coprofilia, incluso necrofilia, claro que el costo variaba de acuerdo a la perversión deseada. 
Él siempre había sido un pedófilo en secreto, se paseaba constantemente fuera de las primarias observando con lascivia a las pequeñas niñas en sus uniformes escolares imaginando sus poco desarrollados cuerpos bajo ellos, deseaba tanto poseerlas como matarlas a golpes, pero por supuesto aquello era ilegal. La Deep Web era un paraíso para él, miles de fotos de pequeñas niñas desnudas realizando actos sexuales y algunas incluso siendo maltratadas, todas clasificadas por edades, sus preferidas eran las de siete años pues consideraba que dejaban de parecer bebés para empezar a tener un poco de femineidad.
Así pasaba sus solitarias tardes, masturbándose con aquellas pequeñas sin nombre, deseando poder realizar su fantasía pero controlándose al saber que terminaría en prisión. Por ello, en cuanto escuchó sobre aquél burdel sus ojos se iluminaron, ahorraría hasta el cansancio, no le importaba cual fuera el precio, quería poseer una de esas lolitas.
Cuando por fin juntó una suma considerable de dinero acudió a la dirección que le había sido indicada, era un viejo edificio que lucía abandonado, en la entrada estaba una anciana pidiendo limosna con una niña de aproximadamente cuatro años, sucia y harapienta, “Espero que esa no sea la clase de niñas que hay dentro”, pensó él. Le habían dicho que le preguntara a la señora por “Liss” y así lo hizo.
-Le puedo decir dónde encontrarla pero... ¿está seguro de querer verla?
Leonel respondió afirmativamente y tras darle un par de billetes a la anciana, ésta le señaló una puerta en el interior del edificio, él percibió un extraño aroma que le recordó su visita a alguna mina pero lo ignoró y siguió caminando hasta la puerta, detrás de ella había unas escaleras descendentes de las que provenía música y luces danzantes, tal parecía que estaba en el lugar indicado.
Al final de las escaleras había una larga estancia en la que se estaba realizando una orgía, eran al menos veinte personas teniendo sexo simultáneamente, todos poseían cuerpos hermosos y tentadores, observó en particular a las mujeres de piel que parecía cincelada por Miguel Ángel, de largas cabelleras rubias, castañas, pelirrojas, delgadas y con curvas pero todas ellas de una excepcional belleza, sin embargo dentro de toda la bacanal no había una sola niña y esto le decepcionó bastante.
-¿Quieres unirte? - le preguntó una mujer de largo cabello castaño y ropa formal pero provocativa. Leonel rechazó la propuesta y averiguó que aquella mujer era “Liss”, le dijo lo que deseaba y ella le pidió que la siguiera hasta su oficina. Ahí ella rebuscó entre una larga biblioteca y extrajo una carpeta azul que le entregó.
-Éste es nuestro catálogo de niñas de entre 6 y 9 años, están ordenadas por fecha de nacimiento, avíseme cuando encuentre alguna de su agrado.
Leonel pasó aquellas hojas, tenían varias fotografías de cuerpo completo y debajo de ellas su nombre y algunos datos: “Le gusta morder, buena para trabajos manuales, muda, sin dientes...” ninguna le llamaba del todo la atención hasta que vio una fotografía que resaltaba entre las demás, una hermosa pelirroja de ojos color miel “Haley R.: tímida, recién llegada, sin usar”, rozó ligeramente la fotografía con el dedo índice, supo que era la correcta y así se lo dijo a la mujer.
-Perfecto, ¿y será desechable?
-¿Disculpe?
-Me refiero a que sí no podremos ocuparla después, ¿piensa cercenarla o comerla?
-Ah, claro, será desechable.
-En eso caso ¿quiere algunas herramientas en la habitación?
-Sí, eso estaría bien.
-Perfecto y ¿gusta algún escenario en especial? ¿Un confesionario, un manicomio, un salón de clases?
-El salón de clases – dijo él inmediatamente.
-Entonces supongo que le gustaría que la niña llevara un uniforme escolar.
-Sería excelente.
-Es usted demasiado predecible, pero me parece bien, la habitación estará lista en una hora, mientras puede unirse a la orgía en la estancia.
Leonel regresó a contemplar la maraña de cuerpos, eran diferentes participantes pero igual de bellos que los primeros, se sentó en una sillón a observar aquella actividad, supuso que se le cobraría más si participaba así que se contuvo, aunque en realidad aún no había preguntado cuál sería el precio pero no le importó, tenía suficiente dinero como para pagar una casa.
Una hermosa joven desnuda se acercó a él con una charola repleta de rollos de sushi y unas cuantas copas de lo que parecía vino.
-Son... ¿humanos? - preguntó nervioso creyendo que aquella chica se reiría de él.
-Sólo la mitad de la derecha, tenemos algunos clientes quisquillosos.
-¿Y exactamente de qué son?
-Los california tienen pezón, los filadelfia tienen vagina y los tampico corazón, de beber tengo sangre A+, O+ y vino espumoso, ¿gusta algo? - Leonel pidió un poco de todo y le preguntó a la mujer si unirse a la orgía tendría un costo adicional.
-Oh no se preocupe, ya es demasiado lo que cobramos por su fantasía como para cobrar extras.
-¿Y si no me alcanza para pagarles?
-Siempre se cumplen los pagos – dijo ella apenas conteniendo una sonrisa perversa.
Él mordisqueó su sushi de pezón y jugueteó con él en su lengua, eso le excitó bastante, miró hacia la masa de cuerpos frente a él, una bella mujer pelirrosa con una perforación en la lengua le realizaba un cunilingus a una chica tatuada y lo miraba incitadoramente, él no pudo contenerse más y se quitó los pantalones exponiendo una gran erección que de inmediato la introdujo en la vagina de la mujer perforada, ella gimió de placer y comenzó a lamer más rápidamente a su compañera que comenzó a gritar histéricamente que quería ser devorada, un hombre se acercó a ella pero Leonel estaba muy distraído como para notarlo, escuchó algunos gritos pero no le importó hasta que fue salpicado de un líquido, abrió los ojos y se dio cuenta de que entre la pelirrosa y un hombre se habían comido la vagina y el rostro de la tatuada, esto le sorprendió un poco pero lo excitó más y terminó eyaculando dentro de la pelirrosa, así que se retiró de la orgía mientras los demás continuaban aún con aquel cadáver entre ellos.
Tras unos quince minutos apareció de nuevo Liss.
-Su habitación está lista, es la 302 – dijo ella y le entregó su llave.
-Disculpe...aún no hemos hablado de cuanto me costará esto.
-Lo trataremos después de que termine, usted sólo disfrute la experiencia. 
Tomó el elevador y llegó al tercer piso, el lugar no se veía distinto de cualquier hotel, buscó el cuarto 302 y abrió la puerta nervioso.
La habitación era una réplica exacta de un salón de clases, estaba el pizarrón, el escritorio del profesor y unas diez bancas ordenadas, además de las herramientas que le habían prometido. En la primera fila estaba su ángel uniformado “Haley”, era mucho más bella en persona, su piel parecía de porcelana, cerró la puerta con seguro y se acercó a ella, era tan perfecta y por fin era suya, no podía esperar, su pene reaccionó con tan sólo verla.
Se puso en cuclillas frente a ella y la besó, la boca inexperta de la niña apenas se movía mientras él introducía su lengua por su garganta, su mano se deslizaba por sus delgados muslos y rápidamente la despojó de su ropa interior. Colocó a la niña en el suelo y le abrió las piernas comprobando que aún era virgen, observando su inmaculada y rosácea vagina no pudo evitar lamerla como loco pero sin penetrarla, miró el rostro de la niña que cerraba fuertemente los ojos, la tomó de la cabeza y le ordenó que lo mirara, ella obedeció, entonces él la desvirginó bruscamente, la expresión en su rostro valdría cualquier precio, ¡CUALQUIERA!
La pequeña comenzó a sollozar y lágrimas brotaron por sus delicadas mejillas, Leonel se excitaba cada vez más, abofeteó a la niña fuertemente hasta que su rostro tuvo un tono rojizo, luego tomó un martillo y comenzó a clavarle la parte posterior en el rostro y el pecho mientras la penetraba más y más rápidamente hasta que no pudo más y se corrió en el rostro desecho de la niña.
Después de eso no le importaba cuanto la cobrarían, podía dar su casa, su auto, se podían llevar hasta a su madre y no le importaría. Salió de aquella habitación bañado de sangre y con un enorme gesto de satisfacción encontrándose de nuevo con Liss.
-Veo que ha quedado conforme.
-Bastante y estoy listo para pagar, valió totalmente la pena.
-Me alegra oír eso ya que el precio es un poco más elevado de lo que piensa.
-Bueno, he ahorrado suficiente para esto, ¿cuánto será? ¿Veinte mil? ¿Treinta mil?
-No señor, no nos interesa su dinero.
-¿Entonces cómo voy a pagarle?
-Bueno, digamos que será proporcional a su placer...-dijo ella antes de conducirlo a otra habitación sin número.
Le ató los brazos a unas esposas que colgaban del techo y las piernas con otras que estaban en el suelo. Leonel pensó que un negro de dos metros podría violarlo y aun así habría valido la pena pero lo que apareció en aquel cuarto fueron 6 niñas, todas pelirrojas y no mayores de 8 años, pensó que estaba en el paraíso hasta que las niñas comenzaron a rodearlo y de pronto lo mordieron vorazmente arrancándole la piel de brazos, abdomen y piernas, tras lo cual salieron corriendo.
Nunca había sentido un dolor similar, el cuerpo le ardía terriblemente y no dejaba de sangrar.
-¡Ya pagué el precio! ¿Contentos? ¡Déjenme salir! - gritó histérico intentando liberarse de las esposas, sin embargo sólo apareció una pequeña niña de nuevo, se parecía demasiado a Haley pero no podía ser, Haley estaba muerta.
Ella presionó un botón y él pudo escuchar un ruido similar a un taladro que provenía de debajo de sus piernas, el sonido se fue acercando hasta que él pudo sentir como en efecto, un taladro comenzaba a empalarlo lentamente.
-¡Detente! ¡Ya lo entendí, no volveré a hacerlo! ¡Me alejaré de las niñas pequeñas! - le gritó a la niña que sonreía maliciosamente sin dejar de presionar el botón.
El taladro seguía avanzando a través de los órganos de Leonel causándole un terrible dolor como el que jamás hubiera imaginado, comenzó a sangrar por la boca y a convulsionarse, el sufrimiento era insoportable y sólo deseaba morir, finalmente el taladro salió por su boca con rastros de intestino deshecho y sólo entonces él quedó inconsciente.

Al día siguiente Leonel despertó en su cama sobresaltado y con un terrible dolor en el abdomen, “todo fue un sueño, un terrible sueño” pensó él hasta que sintió cierta humedad en su cobija, estaba llena de sangre, miró su abdomen y aún conservaba algunas de las mordidas hechas por aquellas niñas y en su buró estaba una tarjeta de presentación:
“El burdel de las parafilias. Vuelva pronto”


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El embalsamador

Víctor estaba cansado luego de un largo día de tratar con cadáveres en su funeraria, lo único que quería era un buen trago para relajarse así que acudió a un bar que estaba a tan sólo una cuadra de su trabajo.
            Se sentó en una mesa apartada pues solía ocurrirle que las personas notaran un aroma extraño en él  aún luego de tomar una larga ducha y él no quería importunar a nadie, sin embargo una persona llamó su atención desde su lejano asiento; una mujer con larga cabellera negra y labios rojos, le pareció interesante y sumamente sensual. Al igual que él, estaba sólo en el bar y con un gesto de disgusto, la observó largamente hipnotizado por su belleza y ese halo de misterio.
            Vio como al menos tres sujetos se acercaron a hablar con ella y fueron brutalmente rechazados al poco tiempo, "vaya carácter que debe tener" pensó él, pero aún así el alcohol en su organismo le impidió controlar el  impulso de hacer lo mismo que aquellos desafortunados hombres y caminó hacia ella con la completa convicción de que tendría el mismo destino.
-Disculpe señorita quería decirle que es muy atractiva.
-Gracias - respondió ella sin siquiera mirarlo.
-Podría invitarle algo de tomar? - dijo él intentando sonar lo más caballerosamente posible y al contrario de la rotunda negativa que esperaba ella acercó su cara hacia él y lo olfateó.
-Qué es ese olor?
-Perdone, soy embalsamador...no quería molestarla con mi peste...- dijo él apenado y se dio la vuelta para retirarse pero ella sujetó su muñeca.
-No me molesta, porqué no se sienta conmigo? - dijo ella tan seductoramente que él obedeció mecánicamente.
            Conversaron y bebieron amenamente un par de horas, ella le hizo varias preguntas con respecto a su empleo y él averiguó que ella se llamaba Mila, que trabajaba para una revista de horror y que su personalidad era tan fascinante como su físico.
            Ella le comentó que estaba escribiendo un relato acerca de un asesino en serie y que le agradecería eternamente si la llevaba a su funeraria para darle realismo a las descripciones de los cadáveres.
            Víctor sabía que no era correcto dejar que alguien morboseara los cadáveres pero la realidad era que estaba muy alcoholizado y que no le podía negar nada a esos grandes y sugerentes ojos cafés, además la funeraria estaba bastante cerca. Mila se mostró muy emocionada al escuchar la afirmativa de su interlocutor y se terminó su último trago en pocos segundos.
            El embalsamador caminaba bastante despacio esperando que ella cambiara de opinión en transcurso pero no fue así, llegaron al sitio y le dio un pequeño tour por las instalaciones, explicándole para que servía cada una de las herramientas.
-Muy interesante la teoría Víctor, pero la práctica siempre es mucho más interesante.- dijo ella con voz provocadora, él miró descaradamente su bien formado cuerpo de arriba a abajo, sus pechos apenas cubiertos por una pequeña camisa de tirantes ajustada, su delgada cintura, su cadera en aquellos pantalones de cuero ajustados que marcaban la forma de esas largas y torneadas piernas; le era imposible no acceder a sus peticiones.
            Tenía un cadáver recién llegado en una bolsa negra y abrió lentamente el cierre hasta que el cuerpo de un hombre de unos treinta años estuvo completamente expuesto, Mila se acercó a contemplarlo y de pronto tuvo un sobresalto, tras lo cual comenzó a buscar frenéticamente en su bolsa de mano, Víctor creyó que se había asustado y estaba buscando un pretexto para huir.
- No puede ser, que estúpida soy, olvidé mi celular en el bar! - dijo ella muy preocupada. "Lo sabía, se acobardó", pensó Víctor.
-No te angusties, vamos por él, está bastante cerca si nos apresuramos aún podemos encontrarlo.
-Y tú crees que puedo correr en tacones? - dijo ella ligeramente molesta pero de inmediato cambió su actitud - podrías ir tú? si yo voy nos tardaremos una eternidad en llegar.
-Claro, si es que no te molesta quedarte sola con él - dijo Víctor señalando al cadáver.
-Creo que ya no está en condiciones de hacerme nada - respondió ella sonriendo y él salió rápidamente del lugar con la promesa de que volvería pronto.
            Víctor llegó al bar e inspeccionó la mesa donde habían estado sentados, luego el piso y finalmente habló con el personal del lugar y los demás clientes, pero nadie había visto el celular así que volvió a la funeraria decepcionado y escuchó ruidos extraños provenientes del lugar donde había dejado a Mila.
            Abrió la puerta de golpe y vio algo que nunca habría imaginado, la mujer estaba completamente desnuda sobre el cadáver al cual había abierto del cuello al ombligo y tenía las manos sumergidas en su interior mientras restregaba su cuerpo contra el del cadáver completamente extasiada.
            Por un momento se distrajo con el excitante cuerpo ensangrentado de Mila pero después reaccionó y se acercó a ella molesto y la sacó de su trance con una fuerte bofetada.
-Estás demente? me van a demandar por esto!
            Ella no dijo una sola palabra, se bajó de la plancha, se acercó a él, tras lo cual lo besó intensamente y deslizó su mano en los pantalones de Víctor tocando su miembro que ya se encontraba erecto, le quitó los pantalones e introdujo su pene en su boca succionándolo hábilmente, Víctor se dejó llevar jalando el cabello de Mila para luego cargarla y sentarla de nuevo en la plancha junto al cadáver para así poder penetrarla fuertemente mientras ella lo mordía hasta que terminaron por tirar el cadáver boca abajo creando un caos de sangre y órganos en el suelo.
            Mila contempló la escena con excitación e hizo que su compañero se recostara sobre el charco de sangre y vísceras mientras ella movía su cadera frenéticamente sobre él y sumergía las manos en aquella gran mancha rojiza para luego tocar el pecho de Víctor y asfixiarlo, finalmente ambos alcanzaron el clímax y se quedaron recostados en aquella laguna de sangre, tripas y fluidos corporales.

            Desde esa noche todos los sábados hay un curioso ménage à trois en la funeraria.


domingo, 1 de junio de 2014

ANDRÓGINO


Envenenada manzana de la discordia,
Hematófaga Helena de Troya,
Exquisita droga
que corrompe al alma más pura
aquella que no deseaba
y que jamás debí probar.

Te adentraste en mis venas
Apoderándote de cada latido, te adueñaste de mi mente
Siendo mi perdición.

Tan sereno, tan angelical,
Con tu supuesta filosofía,
Palabras que se enredan en tu lengua

Y que ni tu estás seguro de comprender.

GABRIELLE


Oh mi dulce Gabrielle,
Hermoso ser de rubia cabellera y enormes ojos,
Eres el único rastro de pureza en mi corrupta vida,
Eres el maravilloso ángel
que ha descendido a enmendar mi sendero del mal.

Tú, con tu celestial presencia,
Tu inocente rostro
Y tu mente sin mancha alguna.

Tu piel es el mármol más fino
Y tus labios, ¡ah!
Ellos no pueden ser otra cosa que cerezos en flor,
Tu inmaculada belleza confunde mi mente,
Deseo protegerte de la perversidad del universo
Y a la vez quiero poseerte con todas mis fuerzas.

Debo mantenerme alejada de ti Gabrielle
De tu tierna voz y tu gran afecto,
Debo marcharme lejos

Pues yo, tu protectora, soy tu mayor peligro.

A JEF



Mírame bien ¿encuentras a la niña que conociste hace nueve años? ¿Reconoces algo de ella en mí? ¿Acaso la mirada? ¿Acaso la voz? ¿Quizá la inocencia? Puedo apostar que no.

Sí, los años han hecho su trabajo, así como lo hiciste tú también. Pero no me malinterpretes, esto no es un reproche, es una nota de agradecimiento.

Yo era el súcubo en la botella, tú simplemente la dejaste caer,

Destruyendo la ingenuidad que me retenía, Me mostraste un mundo nuevo y diferente lleno de dolor y placer, de pasión y locura, no te preocupes por mí, un corazón destrozado ya no sangra más. 

Mírame


Ana era una chica como cualquiera de quince años, disfrutaba de escuchar música, leer relatos de terror, mirar videos de cómo desollar hombres vivos, lo típico, sin embargo tenía una pequeña obsesión: su compañero de salón, Franco, durante horas podía perderse en sus profundos ojos azules, le encantaba dibujarlo aunque nunca podía igualar la belleza y el color de aquellos ojos; pero a pesar de lo mucho que ella lo observaba él nunca le dirigía una mirada y Ana odiaba eso.

Al terminar las clases ella solía seguirlo hasta su casa sin que él lo notara, le parecía tan fascinante, tan atractivo, incluso su forma de caminar le resultaba hipnotizante. Se quedaba fuera de su casa esperando que se asomara por alguna ventana o que volviera a salir para seguirlo nuevamente. Nunca se había atrevido a hablarle pues se sentía demasiado insignificante, pero un día eso cambió. Durante el intermedio entre clases comenzó un nuevo retrato de Franco, ya no era necesario que lo observara pues tenía bien grabado en su mente cada poro de su rostro, cuando estaba por terminarlo escuchó una voz detrás de ella que la hizo voltear enseguida.

-¿Ese soy yo? – pronunció la voz de su amado.-S…sí – contestó ella nerviosa, contemplando extasiada que esos ojos la miraban.-Eres muy buena dibujando, ¿me lo regalas cuando lo termines? La respuesta de ella fue una obvia afirmación y se esforzó al máximo para emular al original, le tomó toda la tarde para terminar algo que la satisficiera, era sin duda el mejor que había hecho pero como siempre, no creía que los ojos lograran la perfección de los reales, de cualquier forma a él le había gustado y entregárselo sería un buen pretexto para verlo.

Fue hasta su casa ilusionada por la reacción que él tendría al ver el dibujo, tal vez le gustaría tanto que la invitaría a salir, así ella podría contemplar de cerca aquellos ojos que le fascinaban y sobretodo sería mirada por él. Llegó a la puerta donde lo había visto entrar tantas veces y al tocar el timbre sintió que estaba soñando pero en cuanto él abrió la puerta su sueño se derrumbó.

-¿Cómo supiste donde vivo? – preguntó él extrañado y molesto.-Vine a traerte el dibujo - dijo Ana entregándoselo y evitando contestar.-¡Te hice una pregunta! ¿me sigues o qué?-Sólo una vez…tú me gustas mucho y…-comenzó a decir ella pero él no la dejó terminar.-Maldita loca me enfermas, ¡no te vuelvas a acercar a mí! – dijo él arrojándole el dibujo en la cara causándole un corte del que brotó un hilillo de sangre.-No puedo hacer eso – dijo ella y antes de que él pudiera reaccionar le inyectó un tranquilizante en la pierna.

Cuando él despertó estaba amordazado y atado a una silla en el cuarto de Ana, había docenas de retratos y fotografías suyas en las paredes, se le revolvió el estómago, cerró los ojos e intentó despertarse de ese sueño macabro, pero esa era la realidad. Ana se acercó a él y jaló su cabello bruscamente girando su cabeza hacia ella.

-¡Mírame! – le gritó, pero él no abrió los ojos, lo abofeteó fuertemente un par de veces, él siguió sin reaccionar, ella tomó un cuchillo y comenzó a clavarlo frenéticamente en las piernas de Franco mientras gritaba: “¡Mírame! ¡Mírame!”. Finalmente él abrió los ojos mirando suplicante a Ana que tenía una desquiciada expresión en su rostro, los ojos desorbitados, estaba salpicada de sangre y sonreía maliciosamente mientras lo acariciaba.-Son tan perfectos, azules, brillantes, quiero que me observen siempre – dijo ella fervorosamente – y eso es lo que harán. – Volvió a tomar el cuchillo y lentamente le cortó los párpados a Franco tratando de no dañar los globos oculares mientras él forcejeaba y gemía de dolor causando que le hiciera cortes en las mejillas y la frente de los cuales comenzó a brotar abundante sangre. 

Ana observó aquel ser lleno de líquido rojizo que se retorcía y gimoteaba, ya no se parecía al joven que contemplaba todos los días en la escuela, pero no le importaba, aquellos ojos azules seguían intactos, así que con la ayuda de una cuchara y su cuchillo se dispuso a extraerlos. El proceso fue más complicado de lo que pensó pero al final valió la pena cuando tuvo ese par de hermosos ojos en sus manos, los colocó sobre el dibujo que había hecho esa tarde, ahora era perfecto y la miraría siempre que ella quisiera.´