viernes, 11 de noviembre de 2022

Nuevo libro "Lotería del Caos vol. II"

 Perversos, ya comenzó la preventa de esta antología de terror en la que participé con dos relatos inéditos, junto a otros talentosos escritores.


El lanzamiento será el 23 de noviembre, habrá una presentación en el Centro Cultural Elena Garro a las 7 p.m. Ese día los libros estarán en su costo normal de $300, así que les recomiendo aprovechar el precio de preventa.




miércoles, 13 de enero de 2021

La belleza de la destrucción (parte 2)

 Dedicado para Xanat Ornelas, gracias por tu apoyo durante todos estos años


Salimos de su salón tan sigilosamente como entramos, por desgracia lo hicimos en el mismo momento en el que terminaba una clase y fuimos descubiertos por al menos 20 personas, eso destrozaba mi plan de asesinarla en la escuela. Más aún porque Angélica comenzó a referirse a mí como su novio en cada red social existente.

Nunca supe si Angélica tenía una exagerada necesidad de atención o una reciente relación fallida que deseaba olvidar, pero se esforzó demasiado para que todas las personas que le conocían supieran que estaba en una relación, mandando toda la discreción al carajo.

Claro que decir que teníamos una relación era una exageración, pues nuestros encuentros eran únicamente sexuales, jamás hubo algún contacto entre nosotros que no se tergiversara en algo perverso en segundos. Fueron incontables los lugares profanados con nuestros cuerpos desnudos, me atrevo a afirmar que no había límites para ella. No puedo negar que gocé mucho mis instantes con ese bello ángel, tanto que hubo ocasiones en las que traté de abandonar mis fantasías homicidas, quise disfrutar el tiempo a su lado, pero las imágenes de ella destazada y sangrando se transponían a su belleza.

Fue un año de completa tortura y estrés, quizá fue aquello y el exceso de cardio lo que me llevó de ser un saludable hombre de veintidós años a transformarme en un esqueleto decrépito pues durante aquel año perdí casi quince kilos.

La misma habilidad que ella poseía para transformar las actividades más burdas en algo sexual - ir al cine, andar en transporte público, jugar videojuegos, cocinar – yo la tenía para transformarlas en una escena de crímen.

Mientras ella me hacía una felación en una alberca durante un viaje que realizamos, yo me imaginaba estrangulándola con mis piernas, sintiendo como forcejeaba por la falta de aire hasta que por fin dejaba de moverse, me corría en sus labios muertos y por fin dejaba salir a flote su rostro ligeramente azulado, deformado, con una mueca de muñeca inflable.

La eyaculación fue real y cuando salió a flote de verdad, me miró molesta, me escupió una gran cantidad de semen en el rostro y tras soltar una carcajada se alejó nadando.

Esa actitud juguetona no ayudaba, verla riendo o gimiendo de placer mientras imaginaba torturarla me hacían creer que quizá ella lo deseaba. Su masoquismo apoyaba esa idea, pues cada vez le pedía que la tratara con mayor rudeza, gemía como posesa cuando la azotaba hasta dejarle las nalgas moradas y podía alcanzar un orgasmo si la mordía lo suficientemente fuerte. Verla llena de pequeños moretones y un rostro de éxtasis era una imagen recurrente.

Sus peticiones sexuales se volvieron cada vez más intensas y me resultaba complicado no destrozarla en el sentido literal. Claro que deseaba hacerlo, pero no quería terminar preso; los novios siempre son los primeros sospechosos y con buenas razones.

Llegué a mi límite el día en el que me invitó a entrar furtivamente a su habitación y me pidió que le hiciera pequeños cortes en los muslos, muy cerca del pubis y que lamiera su sangre. Hice un esfuerzo descomunal para resistir el impulso de atravesarle la pierna, le hice una ligera incisión, fascinado con la línea punteada de sangre que iba apareciendo, sentí enseguida como mi cuerpo bombeó sangre hacia el apéndice que controla todas mis acciones. Angélica gemía y se tocaba el cuerpo desnudo visiblemente excitada, no pude evitar fantasear, me vi apuñalándola en las piernas, el abdomen y sobretodo en el rostro, hasta convertirla en un montón de jirones rojizos.

El grito agudo de Angélica me sacó del ensimismamiento, abrí los ojos y vi que le había hecho una gran herida en la pierna de la que brotaba abundante sangre. Ella lucía confundida, como tratando de decidir si sentía excitación o miedo. El padre de Angélica no tardó en acudir corriendo a la habitación, intentando abrir la puerta, que por fortuna se encontraba cerrada con seguro.

Escapé por la misma ventana por la que había ingresado y a pesar de un mal aterrizaje pude huir sin ser descubierto. No podía dejar de pensar en el elixir rojizo desbordándose, aquella laceración incitándome a seguir arrancando su dermis y frotarme contra la carne viva.

Caminé hacia el parque de nuestro primer encuentro y me senté en la misma banca de aquella noche, mezclando los recuerdos con los homicidas deseos que se habían despertado en mí. La imaginé follándome bañada en sangre, embebiéndome de ese exquisito y viscoso líquido. No pude evitar masturbarme en ese mismo momento, con tanto ahínco que podría parecer que era mi cuerpo el que deseaba desollar, sentí como mi simiente era expulsada de mi cuerpo con fuerza y abrí los ojos para encontrarme con el rostro horrorizado de un niño no mayor a 10 años que soltó un grito agudo.

Me resultó irónico que me arrestaran por un crimen que no había cometido, después de perder la oportunidad de cometer uno real. Sin embargo, ser privado de mi libertad y tratado como un pederasta me hizo reconsiderar mis fetiches bestiales, fueron seis largos meses encerrado tras mi condena por “exhibición obscena ante un menor”, medio año de intimidación y golpizas constantes que lograron quitarme aquella tentación de asesinarla, si durante aquel tiempo había sido un infierno, no quería ni imaginar tener que soportarlo por años. No era un Ted Bundy ni un Ed Kemper, no tendría ni idea de qué hacer con
el cadáver y quizá tampoco con la culpa.

Cada día que pasaba encerrado me era más fácil desprenderme de la idea y me parecía increíble haberlo deseado en primer lugar. Me prometí que al salir del encierro no volvería a buscarla, y si ella se había enterado de porque había sido arrestado seguramente tampoco querría saber nada de mí; considerando que jamás acudió a visitarme asumí que así era.

Cuando por fin me liberaron y me devolvieron mis cosas pude ver que Angélica se había cansado de buscarme tras un par de semanas, me sentí aliviado. Mi madre, que por alguna razón creyó en mí, me informó que nunca dejó de pagar la renta y los servicios de mi departamento así que podía volver a él y fingir que todo estaba de vuelta la normalidad por un par de días. Ya vería como resolver mi situación con la universidad.


viernes, 17 de abril de 2020

Calaverita a Creepypasta Latino

Escrito que hice hace varios años para mis compañeros de Creepypasta Latino, debido a la temporada de día de muertos.




La Catrina escuchó rumores
de un lugar lleno de horrores
-Su nombre es Creepypasta Latino.-
le dijo un argentino

Hablan de fantasmas, monstruos y muerte,
se están metiendo con tu fuerte,
debes con ellos hablar,
o tu trabajo van a ridiculizar.

Indignada llegó a las oficinas la huesuda,
al verla, Tania se quedó muda
y sin previo aviso
le estrelló la cara contra el piso.

-Por qué el ruido? Carajo!
fueron las últimas palabras de Oblivion
antes de que su cuello fuera cortado de tajo.

Con su vestimenta ensangrentada
la Catrina miró a Iris y se quedó encantada
iba vestida de Lolita
"Esta me la quedo para mi solita"
le dio somníferos en un taco
y rápidamente la metió en un saco.
Eru miró todo como un voyerista
hasta que la muerte lo golpeó con una figura budista.

A † lo encontró leyendo una novela
-Usted se ve hermosa bajo la luz de esa vela
pronunció él cautivado
ella le destrozó el cráneo con un bote de helado.
-Ni con halagos de mi castigo te librarás. -
dijo ella mordaz.

A Joy la descubrió viendo porno
la cargó y la metió al horno
su cuerpo olía deliciosamente
y la muerte la comió velozmente.

-Ave de fuego muéstrame si eres tan ardiente
-Te puedo asegurar que la gente no miente.
Siluú y Phoenix coqueteaban
una sierra eléctrica a través de sus entrañas no esperaban.

La Catrina caminó sobre un riñón
y vislumbró a Mayiru jugando con un muñón.
-Insolente! Acaso te divierte la muerte?
-No, sólo soy de estómago fuerte.
La muerte atravesó su abdomen con su huesuda mano
extrajo su estómago y vio que era como el de cualquier humano.

Miss Strange y Lady Astrid sus disfraces terminaban,
la muerte no tenía ni idea de que simulaban,
de Hannibal Lecter y choriniño ataviadas estaban con emoción
hasta que la catrina les clavó tijeras en los ojos acabando con su visión.

Kiroz y Bafometh como siempre peleaban
sobre su virilidad de nuevo conversaban
la Catrina quiso el conflicto solucionar
así que a los dos tuvo que castrar.

Buscó por el resto del lugar
pero a Fairuza y Hazuu no podía encontrar
volvió a donde antes había estado
y vio una escena que a cualquiera habría asqueado.

Fairuza el cadáver de Siluú ultrajaba
llena de sangre y tripas se encontraba
y mientras lamía un putrefacto ojo
la muerte le lanzó un extintor con enojo.

Estaba complacida, sólo uno más y acabaría
pero a Hazuu nunca atraparía,
lo supo cuando una nota vio en el refrigerador
"Me voy de vacaciones, dejo a Kiroz como su organizador
con cariño Hazuu, su atormentador"

La Catrina frustrada al panteón volvió
y lo que ahí encontró le sorprendió
pues todos los espíritus de Creepy Latino
danzaban alegremente y sin desatino,
ellos amenazaron a la huesuda son una fiesta sin final
si desde ultratumba no los dejaba administrar,
ella aceptó sus condiciones
con tal de Kiroz ya no escuchar más canciones.
Así las oficinas de CPL ahora tienen una nueva ubicación
con mucho cempasúchil y esqueletos por decoración.

martes, 24 de marzo de 2020

Memorias - Julio 2007 (fragmentos)


11:45 p.m. 10/Jul/07
Ah, de nuevo fumando a escondidas, a decir verdad hace mucho que no lo hacía, pero hoy un par (¿tal vez 3?) vicios pasados regresaron a mí. ¿Es la satisfacción de saber que lo tengo prohibido o es que realmente esos vicios me proporcionan algún otro tipo de placer?
Por la notoria e intencionada mancha de sangre aquí adjunta no es difícil deducir que el otro vicio es marcar mi piel, que igualmente había abandonado desde hace ya bastante tiempo, ¿2 meses? ¿3 tal vez? No podría saberlo a ciencia cierta.
¿Y el 3er vicio? ¡Ah!, el más patético de todos y es la vergonzosa necesidad de tener a mi lado a cierto hombre, sí, hombre, pese a su eterna mentalidad de adolescente ya no lo es. Un hombre idiota, manipulable, carente de cordura pero irremediablemente irresistible y muy útil.
Ya no sé a cual de mis deficiencias mentales adjudicar estos vicios. Tal vez se deba a la bipolaridad o tal vez el mundo tenga razón y sólo quiero llamar la atención.
12:10 a.m.



Memorias - Mayo 2007 (fragmentos)


                  10:35 a.m. 13/May/07
La última semana fue bastante aburrida, pero no pesada. Definitivamente mis ideas no estaban en orden y me encontraba muy perdida. Tendré la osadía de culpar a mis medicamentos.
Ayer nuevamente vagué por las calles sin compañía alguna y sin destino, esta vez no me pareció tan entretenido.
Estaba buscando un lugar tranquilo y desolado donde escribir, pero fue una misión fallida puesto que todos los lugares me parecieron demasiado ruidosos.
Aún así logré inspirarme un poco bajo la agradable y tenue luz de la luna.
Ahora tengo ganas de leer todo acerca de vampiros, cada cuento, libro, cada teoría, cada mito. Devorarlos hasta saciarme, pues esta hambre de conocimiento amenaza con destruirme si no se le complace.
Esta ansiedad me carcome y sólo quiero correr ya a buscar tan exquisitos textos literarios, serían mi escape de este mundo tan plástico, tan comercial…
Vuelven a mí las ideas de que no pertenezco a esta época, a este lugar. 
10:55 a.m.



2:35 p.m.   20/May/07
Como siempre, el aburrimiento me lleva a divagar, desde el porqué de tan intenso frío cuando el día luce tan soleado al significativo y destructivo paso de los humanos por el mundo.

Aunque tal comentario, ahora que lo medito, sólo se refiere a la mayor parte de los humanos, pues aquella minoría de poetas, pintores y músicos es lo que justifica nuestra absurda existencia.
Tan sólo ellos pueden salvarnos de la idiotez y vulgaridad para adentrarnos en sus mundos de belleza y fantasía tan alejados de la burda realidad.
Pero no he vuelto a la escritura para hablar de esos seres celestiales, si no por temas más terrenales, en sí el que más me aqueja en este momento: el desesperado intento de volver a lo que un día casi logro ser.
Y el problema radica en que pase a que algunos días lo deseé con fervor y locura, otros tan sólo desecho la idea inmediatamente. Nunca he podido comprender el porque de esta doble personalidad que no hace más que perturbarme cada día más.
Como siempre, he de seguir la voz de mis instintos y procuraré recuperar mi antiguo ser.
2:55 p.m.




miércoles, 29 de enero de 2020

La belleza de la destrucción (parte 1)



¿Alguna vez han estado frente a la presencia de algo tan hermoso que sólo puedan pensar en destruirlo? Sé que han vivido algo similar; ver a un bebé regordete y querer estrujarle las mejillas con fuerza, o amar tanto a alguien que quieres abrazarlo hasta que cada uno de sus huesos truene, ¿lo ven? Ahora no parece tan descabellado.
Amamos destruir la belleza y yo, Iván Zuleta, jamás he visto algo tan hermoso como el rostro de Angélica, un rostro redondeado en el que resaltan unos labios muy carnosos, sus castaños son tan expresivos que jamás pueden ocultar sus emociones, ya sea tristeza, alegría o su tan acostumbrada lascivia. Cada vez que miro aquel rostro perfecto sólo puedo pensar en destrozarlo de tal forma que resulte irreconocible.
Probablemente ya habría cumplido mi deseo si no fuera por mi maldito libido, aquel que me llevó a una relación de un año con ella. No fue algo que haya planeado, no es como si hubiera dicho “Hola, me encantaría pisotear tu cabeza hasta que tu cráneo reviente, ¿quieres ser mi novia?”. A pesar de lo mucho que desconfío a veces de su instinto de supervivencia, dudo que hubiera aceptado. La situación fue bastante peculiar pero no de aquella manera.
 La primera vez que la vi fue en la universidad a la que ambos asistimos, jamás había estado enamorado y jamás había deseado asesinar a alguien, así que me tomó un tiempo descifrar lo que despertaba en mí esa chica. Me bastó con frecuentar los mismos sitios que ella en la escuela para escuchar su nombre, Angélica Vidal, y con eso pude encontrarla en todas sus redes sociales. Por fortuna es una de tantas personas que disfrutan compartiendo cada aspecto de su vida en ellas. Instagram es el paraíso de los voyeristas.
Basándome en numerosas fotografías en las que Angélica no dudaba en compartir su ubicación cada vez que salía y en los objetos que podían verse fuera las ventanas de su casa en sus múltiples selfies, pude ubicar perfectamente la zona en la que vivía. Me pareció adecuado asesinarla cerca de esa área, pues si lo hacía cerca de la universidad era más probable que sospecharan de un compañero o maestro.
Estudié su rutina por semanas, me sorprendió saber que sus precauciones de seguridad eran nulas, casi siempre regresaba sola y a pie a casa, a pesar de las constantes ofertas de sus acompañantes de llevarla o al menos pedirle un taxi, volvía innecesariamente tarde, elegía las rutas más inseguras y constantemente estaba distraída en su teléfono sin importarle la gente o los autos en su camino. Parecía como si no le diera importancia a su vida o si deliberadamente quisiera morir pronto.
La noche en que me decidí a actuar, ella se encontraba fumando en un parque cerca de su casa, al parecer no la dejaban fumar dentro. Estaba de espaldas a mí, llevaba su cabello recogido en una coleta alta y se podía ver su largo cuello. Decidí asfixiarla hasta la muerte para luego destrozar su rostro sin que sus gritos pudieran alertar a sus vecinos, quería tomarme el tiempo de disfrutarlo sin dejar la tarea inconclusa.
Rodeé su delgado cuello con una de mis manos y cubrí su boca con la otra, anticipando que gritaría. Nunca esperé una reacción como la que tuvo. De su garganta no surgió un grito, sino un sonoro gemido de placer mientras retorcía su cuerpo contra el mío, aquello aunado a una inminente erección que se presionaba contra sus nalgas, hizo que sólo la soltara y la apartara de mí.
Angélica giró hacia mí sonrojada y visiblemente excitada, me costaba creerlo, probablemente ella era la única mujer fuera del hentai que podría excitarse en una situación así. Se abalanzó sobre mí, besándome con un fervor que normalmente se reserva para un encuentro que se ha esperado por mucho tiempo. Aquello era sospechosamente bueno y me distraía por completo de la misión original, pero aquella mujer era demasiado sensual y estaba muy cachonda para dejar pasar la oportunidad. Si era una trampa valía la pena caer en ella.
Me arrojó sobre una de las bancas y se sentó sobre mí, colocó mis manos sobre sus nalgas antes de frotar su pelvis contra la mía, podía sentir cómo su vulva se humedecía y empapaba mi pantalón. Jalé su ropa interior hacia un lado, dejándola expuesta, la acaricié con un par de dedos, llenándome de esa deliciosa humedad y sintiendo sus labios hinchados de excitación, mientras ella gemía y pegaba su cuerpo al mío.
Se levantó lo suficiente para abrir el cierre de mi pantalón y liberar una erección que ya resultaba dolorosa, frotó mi glande contra su vulva, prolongando mi sufrimiento, antes de introducirse de golpe mi miembro. Cabalgó exquisitamente sobre mí y yo hice mi mejor esfuerzo por prolongar nuestro placer, pero no logré contenerme más de cinco minutos antes de expulsar tanto semen que pude sentir como se deslizaba sobre nuestros muslos.
A pesar de lo que creí ella parecía más satisfecha que decepcionada. Después aprendí que las reacciones de Angélica siempre eran impredecibles. Mi pene continuaba erecto, así que ella siguió usándolo hasta conseguir un orgasmo, fue una exquisita tortura. Se estremeció unos segundos con la cara hundida en mi hombro y luego me miró con una gran sonrisa para decirme la única palabra que me dirigiría esa noche antes de irse deprisa:
-Gracias.
Se marchó dejándome confuso y ansioso por volverla a ver. No tuve que esperar demasiado pues nos encontramos por casualidad en la Universidad, cuando la mayoría de estudiantes ya estaba saliendo de su última clase. Ella me miró sorprendida y ligeramente avergonzada, pero sin rastro de miedo. Cualquiera pensaría que la estaba acosando, sin embargo, Angélica era demasiado confiada, jamás mostró miedo de mí o de nada.
Tuvimos una incómoda presentación en la que yo me imaginaba desollando su bello rostro y ella no dejaba de mirarme lascivamente. Me visualicé apuñalando su rostro para luego arrancar los pedazos con mis propias manos, estaba tan abstraído que no escuché lo que decía, pero noté que en algún punto había parado de hablar y esperaba una respuesta. Me quedé observándola atontado sin saber qué decir.
-¿Debo interpretar eso como un no? – preguntó decepcionada.
-Disculpa, no escuché tu pregunta.
Ella soltó una risita burlona, se acercó a mí y murmuró:
-Te pregunté que si quieres cogerme en mi salón, tengo una copia de la llave.
Acepté su propuesta sin dudarlo, ella estudiaba arquitectura así que su edificio estaba muy cerca de donde nos encontrábamos. Su salón estaba en el tercer piso y conforme nos acercamos pude notar que la mayoría de las aulas ya estaba vacía y con las luces apagadas, dándole un toque tétrico al edificio. Por fortuna llegamos a su salón sin cruzarnos con nadie y cerramos la puerta con llave.
Pensé en lo fácil que sería asesinarla en ese momento, no había testigos y los salones contiguos estaban vacíos, si no hacíamos demasiado ruido podría lograrlo.
Angélica no perdió el tiempo y se desnudó en segundos, invitándome a hacer lo mismo.  Se sentó sobre el escritorio de profesores con las piernas muy abiertas y me pidió que le diera sexo oral. Su vulva tenía un aroma irresistible y sensual, la lamí con placer mientras imaginaba que la devoraba a grandes mordiscos, sus abundantes fluidos empapándome la barbilla se transformaban en borbotones de sangre en mi mente. Anhelaba destrozarla pero mi sentido común me detenía, sabía que si la asesinaba en aquél lugar era muy probable que fuera descubierto y castigado.
Introduje un par de dedos dentro de su vagina esperando distraerme de la fantasía sangrienta, pero al sentir su cálido interior mi mente divagó de nuevo, ese par de dedos se transformaban en un puño completo que la vapuleaba desde el interior para luego arrancar primero su útero y luego sus intestinos al tiempo que veía su perfecto rostro convertirse en una mueca de horror.
-¡Cógeme! – gritó Angélica extasiada, sacándome del fetiche ero-guro. Yo obedecí como un autómata, me coloqué frente al escritorio y jalé sus caderas hacia mí para introducirle mi miembro con la misma fuerza con la que quería introducirle mi puño.
Los gemidos de Angélica eran tan fuertes que me sorprendió que nadie nos interrumpiera. Intenté cubrirle la boca con una mano, pero ella la tomó para colocarla sobre su garganta, mi erección creció aún más con esto, no sabía si podría contenerme más tiempo, ni de asesinarla, ni de eyacular dentro de ella.
-¡Más fuerte! – exigió, presionando mi mano con más fuerza sobre su cuello. Obedecí, imaginando como su piel se tornaba de un rojo violáceo y cómo sus ojos se inyectaban de sangre al grado de parecer que saldrían de sus órbitas. Con esta imagen en mente descargué mi semen con tal potencia que mi pene se estremeció dentro de su cuerpo. Al abrir los ojos vi el rostro de Angélica se había enrojecido así que la solté de inmediato.

jueves, 14 de junio de 2018

La metamorfosis del sátiro


Para Janeth RL's, ¡feliz cumpleaños! Muchas gracias por tanto apoyo y por animarme a seguir escribiendo.

Aquel día había sido agobiador para él, odiaba el repetitivo y mal pagado trabajo de oficina al que se veía forzado a cumplir cada maldito día por el resto de su vida. Godínez…así los llamaban, resultaba curioso pues ese era precisamente su apellido. El viaje en transporte público era largo y tedioso como siempre, apenas se distraía mirando los cuerpos de las féminas que lo rodeaban, un par de buenas tetas por ahí, unas largas y delgadas piernas por allá, y de pronto un hermoso todo apareció frente a él.
Tenía un cuerpo muy delgado pero ligeramente curveado en las zonas correctas, largo cabello castaño del mismo tono que sus ojos pequeños y felinos, una nariz pequeña y, contrastando con el resto de sus facciones, unos labios bastante carnosos que seguramente debían hacer excelentes felaciones. Su vestimenta era sencilla, pero en aquel cuerpo resultaba provocadora, un ligero vestido con estampado de flores y unas botas militares. No pudo evitar fantasear con arrancarle ese vestido.
No sabía cuánto tiempo había estado observándola pero fue suficiente para que ella lo notara, él le ofreció una sonrisa inocente pero ella sólo le devolvió una mirada de desprecio. Aquello le ocurría frecuentemente y nunca lo había entendido, no era un hombre mal parecido. Culpaba a la nueva ola de feministas que atribuían a los hombres el fracaso de sus miserables vidas, todas eran un montón de esperpentos obesos frustrados por falta de sexo.
El rechazo era algo que Jonathan no toleraba, ni aun de esa sutil manera. Siguió a aquella chica cuando bajó del metro, manteniendo una distancia prudente y cuidando que ella no lo notara, no le costó trabajo, lo había hecho cientos de veces. Amaba esa parte de la cacería, la adrenalina de poder ser descubierto, la incertidumbre de si obtendría su presa.
La calle por la que caminaba era parte de una zona oscura y poco vigilada, era como si lo estuviera provocando. Después de todo, ¿qué clase de mujer caminaba sola por un lugar así?
Cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, notó un delicioso perfume frutal que lo incentivó a actuar, la empujó a un callejón abandonado y azotó su cabeza contra una de sus paredes ruinosas, a pesar del aturdimiento, la chica comenzó a gritar y forcejear. Él golpeó su cabeza contra la pared un par de veces más mientras la amenazaba con asesinarla si no se callaba, los gritos se convirtieron en leves sollozos enseguida. Era igual con todas, trataban de parecer muy rudas, pero un poco de fuerza les recordaba quien manda.
Sostuvo sus pequeñas muñecas contra la pared, mientras que con su mano libre apartó su ropa interior; acarició su vulva que, para su decepción, estaba completamente seca, así que escupió en su mano para lubricar su pene antes de penetrarla con fuerza. La poseyó como un demente, mordiendo sus hombros y brazos hasta hacerla sangrar, apretando sus pequeños pechos con tanta fuerza que por un momento creyó que podría arrancárselos. El éxtasis fue delicioso, pudo sentir como su simiente se escurría por las piernas de la chica a pesar de que seguía penetrándola.
Guardó su virilidad, que ahora, en reposo, no era mayor que su dedo pulgar. Miró un último instante a esa chica, ya no había rastro de aquella mirada altiva, todo lo que había en su maltrecho rostro era terror y tristeza; sonrió satisfecho y se fue. Esa noche durmió plácidamente, impregnado del perfume y el sexo de esa chica.
Su buen humor sorprendió a sus compañeros de trabajo al día siguiente, pero no pasó mucho para que esa alegría se esfumara y volviera a la aburrida cotidianidad. Y tan sólo un par de meses para que otra chica llamara su atención, no se consideraba un degenerado ni un adicto sexual, si no un simple hombre que no dejaba pasar una buena oportunidad. En esta ocasión la oportunidad llevaba un diminuto top de tirantes y un short que marcaba su pronunciado y redondo trasero que compensaba su falta total de busto.
Normalmente no cazaba chicas tan cerca de su trabajo, pero era tan hermosa que no pudo evitarlo. Ella caminó por rutas cada vez más solitarias, al parecer era su día de suerte, cuando fue acercándose percibió el mismo perfume frutal de la última chica, quizá era una fragancia de moda, no le dio importancia.
Habían llegado a una zona llena de locales cerrados que probablemente era el sitio favorito de muchos delincuentes, y comenzó a preocuparle perder la cartera, sin embargo, estaba convencido de que en un lugar así nadie se preocuparía por ayudar a su presa. La chica se detuvo frente a la entrada de una casa abandonada y viró abruptamente hacia él dirigiéndole una amplia y pícara sonrisa.
-Hola, sé que has estado siguiéndome y también sé porque lo haces.
Esa situación le resultaba extraña, ninguna de sus presas había reaccionado así, negó la afirmación y pensó en abandonar la misión de esa noche, pero la chica era tan atractiva que le costaba dejarla ir tan fácil.
-¿En serio? Y yo que creí que me deseabas, que querías esto –dijo mientras se quitaba los tirantes y dejaba a la vista sus pequeños pechos, no sabía si se trataba de la ilusión de la minoría de edad, o lo estilizados que lucían unos pequeños pechos respingados, pero el busto de pre púber siempre lo había excitado en demasía.
Se acercó a ella, deseoso de arrancarle el resto de la blusa, pero ella volvió a ponerse los tirantes y corrió juguetonamente al interior de la casa. No estaba seguro de poder darle ese nombre, pues se encontraba en ruinas, con varias ventanas rotas y sin luz, debía estar llena de vagabundos y drogadictos, pero poco le importaba con tal de poseer a esa rubia.
Caminó entre las penumbras guiándose con la tenue luz de su teléfono y la voz de la chica que lo invitaba a buscarla. Distinguió un fulgor debajo de una puerta y supo que la había hallado, entró a la habitación y lo recibió con esa sonrisa coqueta, estaba sentada sobre un colchón viejo y sucio, Jonathan comenzó a sospechar que ese era su modus operandi y que quizá ya había traído a cientos de hombres a follársela sobre ese asqueroso colchón, nunca fallaba su instinto para reconocer a las mujerzuelas. Si aquello era lo que quería, se lo daría con mucho gusto. Se bajó la bragueta, pero no tuvo tiempo de hacer otro movimiento pues un golpe repentino lo dejó inconsciente.
Cuando despertó se dio cuenta de que estaba atado y que tenía una especie de mordaza metálica, la luz era tan tenue que le costó distinguir donde se encontraba, parecía un taller de carpintería. De nuevo percibió el perfume frutal, y pensó que aquella perra debía ser muy pervertida para hacer ese tipo de juegos. Pero quien apareció frente a él no fue la rubia, sino un esperpento con la cara llena de cicatrices, aunque no tenía mal cuerpo, podría follársela desde atrás sin dudarlo.
-Hola Jonathan, ¿me recuerdas? –al sonreír, su maltrecho rostro lucía tétrico, como la villana de alguna telenovela. La miró detenidamente pero no pudo reconocerla, así que negó con la cabeza y forcejeó para soltarse, no sabía de qué se trataba aquello y en definitiva no le interesaba.
-¿Seguro? Nos conocimos hace pocos meses.
-Recordaría una cara tan fea –dijo él, luego de quitarse la mordaza- ¿Quién eres y qué quieres? No tengo tiempo para esta mierda.
-Qué pena, eso debiste haber pensado antes de atacarme en el callejón -ni siquiera eso logró que la recordara, había poseído a decenas de chicas y muy pocas perduraban en su memoria- Veo que de verdad no me recuerdas, no hay problema, haré que no vuelvas a olvidarme. Hace algunos meses dejaste algo conmigo y quiero devolvértelo, no, no es tu cartera, no te entusiasmes, esa la tiré hace mucho. Esto es lo que quiero darte –dijo enseñándole un frasco lleno de un líquido amarillento en el que flotaba una amorfa masa rojiza.
-¿Qué es esa mierda?
-Considerando que tiene la mitad de tu ADN seguramente sí es una mierda, aunque el nombre apropiado es feto. Me tardé un poco en descubrirlo y decidí guardarlo para ti, obviamente no iba a conservarlo, ¿quién querría un hijo que se pareciera a ti?
-¿Y a mí que mierda me importa?
-Qué léxico tan pobre tienes –pronunció decepcionada, miró el frasco y continuó- esto no es opcional.
Ella manipuló el aparato que le había puesto en la boca, haciendo que la abriera en contra de su voluntad e imposibilitándolo para cerrarla. Puso el contenido del frasco en una licuadora y lo mezcló hasta convertirlo en una papilla asquerosa.
-¿No se ve delicioso? -preguntó poniéndolo frente a su rostro- no te preocupes por el líquido, es sólo agua, no pretendo matarte. Por ahora.
Introdujo un embudo hasta su garganta y vertió la pasta en ella, Jonathan forcejeó, pero apenas pudo moverse, sintió esa sustancia fétida y grumosa bajando por su garganta sin poder hacer nada más que tragar, no pudo contener su impulso de vomitar y percibió el sabor de la bilis mezclándose con el feto destrozado, tuvo que tragarlo todo para evitar ahogarse.
En cuanto pudo hacerlo, gritó todos los improperios y amenazas que conocía, mientras la chica lo miraba serenamente.
-Ah, relájate. Ese fue sólo el principio. Cuando te vi semanas después de que abusaras de mí, me pregunté porque eras un maldito violador. Ciertamente no eres atractivo, pero tampoco eres un esperpento, eso me conflictúa un poco, ¿sabes? Alguna chica podría llegar a pensar que sólo eres un retraído social y no una basura inmunda. Así que haré que te veas como el monstruo que realmente eres.
El proceso de transformación fue largo y doloroso, pero de acuerdo a ella, necesario. Comenzó con
sus dientes, con la ayuda de un pequeño cincel y un martillo, los fue rompiendo para darles un aspecto puntiagudo, la sangre brotaba a borbotones desde sus encías y él no paraba de agitarse y gritar, causando que ella fallara y terminara rompiendo la mayoría del diente o perforando su lengua.
La chica se limpió las manos en la camisa de Jonathan antes de tomar una aguja e hilo grueso, que utilizó para coserle los dedos de las manos en pares, omitiendo los pulgares. El trabajo resultó ser más difícil de lo que esperaba, así que tuvo que usar unas pinzas para poder penetrar la piel a profundidad y lograr que los dedos quedaran bien unidos. Le cortó los pulgares con tijeras para podar, pero quedó inconforme con el resultado. Esas manos aún lucían muy humanas. Utilizó un soldador eléctrico sobre cada par de dedos, hasta que ese pedazo de carne chamuscada perdió toda forma y división.
Lo miró aún insatisfecha, y volvió con el martillo sólo para destrozarle una de las rodillas. Para ese entonces Jonathan ya estaba afónico de tanto gritar, pero con una voz apagada y rasposa consiguió rogarle que se detuviera, prometió no volver a tocar a una mujer en su vida, lloró y suplicó como un bebé, retorciéndose de dolor.
-No necesito tus promesas, voy a asegurarme de que no te queden ganas ni si quiera de pensar en una mujer desnuda por el resto de tu triste y corta vida.
Tras decir eso, vertió aceite hirviendo sobre su cabeza. Él gritó desesperadamente sintiendo como su piel ardía y se llenaba de ampollas hasta que por fin se desmayó de dolor.
Despertó en un callejón abandonado, su cuerpo se sentía como si hubiera vuelto del infierno, trató de ponerse en pie, pero el dolor era demasiado fuerte. Se arrastró fuera del callejón buscando ayuda, pero las personas sólo lo miraban con miedo y asco, huyendo de él. Cuando, después de 3 horas, alguien por fin alertó a la policía, él se encontraba deshidratado y apenas consiente.
Se sintió avergonzado de admitir que una mujer le había hecho eso, así que le dijo a la policía que había sido víctima de un psicópata, les dio la descripción de su padre (un verdadero maniaco muerto hace más de una década). Para su fortuna, la empresa en la que trabaja buscaba ser “incluyente” y claro, recibir publicidad gratuita, así que aceptaron que volviera a trabajar a pesar de su desagradable apariencia. Incluso lo reubicaron a una oficina donde los visitantes lo pudieran ver, todas aquellas miradas de curiosidad y asco lo hacían sentir como un animal en un zoológico.
Sin embargo lo entendía, el aceite le había dejado horribles marcas en todo el rostro y torso, su manos parecían un par de patas de cerdo, y no podía evitar cojear a pesar de las múltiples cirugías que le realizaron. Él mismo admitía que parecía un monstruo. Esa perra había logrado su cometido.
Pero ni aquel dolor y humillación habían matado su libido y su pasión por las mujeres, simplemente no podía dejar de desearlas, era un hombre y tenía necesidades, ¿eso era tan difícil de comprender? La paranoia lo invadió al comienzo, creía que todas las mujeres lo miraban sospechosamente e incluso había llegado a ver a otros hombres con lesiones similares a las suyas, ¿acaso esa loca se había convertido en una torturadora de hombres serial? Malditas feministas, iban a llevar el mundo al carajo.

Al principio se conformaba con contemplar a las más bellas féminas a su alrededor y autocomplacerse discretamente, pero eso no le bastaba, necesitaba la adrenalina de la cacería.
Sus primeros intentos de retomar su hobbie fueron frustrantes, era demasiado lento y ruidoso. Aunque no tardó en descubrir que tenía una nueva arma, la lástima. A pesar de que la mayoría de las personas lo despreciaban, había unos cuantos que sentían pena por él, gente que se acercaba a ofrecerle ayuda. Por lo tanto decidió actuar como un hombre desvalido y esperar a que cayeran en su trampa. Y aunque era fácil conseguir que algunas chicas se acercaran a él, no lograba más que frotar su pechos o vulva antes de que huyeran o le propinaran una paliza.
Una noche se le apareció un hermoso ángel de la larga cabellera negra y tez morena, supo que debía ser suya, a como diera lugar. Se acercó a pedirle ayuda y ella aceptó sin dudarlo, cuando le tendió su brazo para que se apoyara, pudo percibir el aroma frutal del día en el que se convirtió en ese monstruo, sintió un escalofrío, su pulso se aceleró al recordar ese doloroso día pero terminó cediendo a la adrenalina. Seguramente sólo era una coincidencia.
La condujo al punto más solitario de esa calle y la sujetó fuertemente con ambos brazos, besó su cuello y pechos con desesperación, habían pasado meses desde la última vez que degustaba el delicioso sabor de una mujer, su erección era tan fuerte que sabía que eyacularía en cuanto la penetrara. La miró directo al rostro esperando ver una expresión angustiada y lágrimas de desesperación, pero en cambio ella sonreía y soltó una fuerte carcajada cuando él pasó de la excitación a la confusión.
-Eres incorregible, ¿verdad, Jonathan? –le dijo ella usando el mismo tono que la deforme mujer que lo había atacado. Se alejó de ella y empezó a mirar paranoicamente a su alrededor.- ¿Buscas a alguien? –preguntó burlonamente.
Cojeó lo más rápido que le permitía su rodilla mal reconstruida, no sabía qué estaba ocurriendo pero no le interesaba averiguarlo.
-¿Por qué te vas, Jonathan? Sólo queremos divertirnos contigo. ¿No es lo que querías?
No consiguió alejarse más de una cuadra cuando la mujer deforme apareció frente a él.
-Realmente esperaba que cambiaras de actitud con tu castigo, pero tal parece que no tienes remedio.
Miró alrededor y vio a un grupo de mujeres que lo observaban y se acercaban a él. En su condición de inválido no les costó cubrirle el rostro con una bolsa negra y atarlo, para luego meterlo a la cajuela de un auto. Cuando le quitaron la bolsa vio que estaba en la misma habitación que antes, qué predecible. Sabía que iban a asesinarlo y no le importaba, prefería la muerte a seguir viviendo en ese deplorable estado.
Pero el plan de esas mujeres era completamente diferente.
Le colocaron un torniquete en cada muñeca, y con un cuchillo eléctrico le cortaron ambas manos, a pesar de los torniquetes, la sangre brotó abundantemente de las heridas. Jonathan no sabía si era el dolor o la impresión de ver sus extremidades desprendidas, pero estuvo a punto de desmayarse hasta que lo despertaron con una paliza. El proceso de transformación apenas comenzaba.
Suturaron sus muñones y cosieron un par de patas de cabra a ellos, él sólo pudo pensar que jamás podría volver a sentir la suavidad de un exquisito cuerpo femenino, no podría presionar unos suaves pechos ni palmear un trasero, no sólo por la falta de manos, sino porque ninguna mujer se acercaría a él con ese aspecto. No pudo evitar soltar algunas lágrimas, que sólo hicieron reír a sus captoras. La primera vez había resultado toleraba, sólo era torturado por la arpía deforme, pero ahora, con todas esas mujeres burlándose de él se sentía completamente humillado. ¿Qué hacían todas ellas ahí? ¿Por qué les divertía tanto su situación?
Una chica de cabello corto castaño jaló su lengua y la cortó en dos, jugueteando animadamente con los dos pedazos y aumentando su dolor, hasta que la arpía la reprendió por desperdiciar el tiempo. Dos chicas se colocaron a cada lado de él, sujetando desarmadores, aquello fue lo último que pudo ver pues los clavaron directamente en sus globos oculares, los clavaron una y otra vez destrozándolos y sacaron los restos con pinzas. En su lugar insertaron un par de canicas de color rojo brillante. Dándole un aspecto macabro.
Jonathan ya no podía verlas, pero sintió como le engraparon la piel de algún animal alrededor de las piernas, dejando sólo su entrepierna al descubierto.
-Cortarlo sería demasiado sencillo –dijo la arpía mientras sostenía su flácido miembro en la mano-  eliminaría tu deseo por completo y no es lo que nos interesa. Queremos que sientas ese deseo y que no puedas satisfacerlo nunca.
Tras decir eso le adhirió un par de grandes cuernos en la frente, con pegamento industrial, por supuesto que no quedaron simétricos al primer intento, así que tuvo que arrancar uno de ellos (con un poco de piel que se había fijado) y colocarlo en la posición perfecta.
Volvieron a subirlo al automóvil y lo arrojaron a la calle como si fuera una bolsa de basura, estaba ciego y el dolor en la lengua le impedía pronunciar vocablos coherentes. Parecía un sátiro infernal salido de alguna pesadilla. Escuchaba a la gente que huía de él y producía sonidos de desagrado. Pudo notar que un grupo se juntó cerca de él para burlarse y fotografiarlo. Alguien lo jaló de los cuernos y lo hizo girar, él trató de defenderse inútilmente, pero terminó tirado en el suelo, gimiendo de dolor y sin poder producir lágrimas.
No supo cuánto tiempo estuvo tirado congelándose en esa noche invernal, pero sintió que fue una eternidad. Supo que sus heridas se habían infectado cuando la fiebre se apoderó de él y sintió que la muerte por fin llegaría por él.
Para su infortunio, despertó nuevamente, por el olor estéril y los sonidos de la maquinaria, supo que estaba en un hospital. Pronto un doctor le dijo que tuvieron que amputarle los antebrazos debido a la fuerte infección que las partes animales le habían causado. Le habían extraído las canicas y retirado la piel de caballo, la cual había causado el menor daño a pesar de que había atraído larvas que empezaron a devorar su piel.
Después de pagar la cuenta del hospital quedó en bancarrota, y al resultar completamente inútil para la compañía en su estado actual, fue despedido con una mísera liquidación. No le interesaba continuar con esa vida, ahora no podía ni refugiarse en la visión de la belleza femenina, ni mucho menos desahogarse con placeres solitarios, un solo intento infructuoso le había bastado para saber que no funcionaría. Por lo tanto decidió ponerle fin, de la forma más simple que le permitían sus limitaciones, saltando por la ventana. Ya que vivía en el sexto piso de un gran edificio, no veía falla en su plan.
Abrió el gran ventanal de su cuarto, se sentó sobre la cornisa tomando valor, sintiendo por última vez el viento en su rostro y anhelando la libertad que le proporcionaría la muerte, se puso de pie y saltó. Pero contrario a lo que esperaba, cayó sobre una superficie blanda muy cercana a la ventana, para luego ser llevado de vuelta al departamento por unos brazos desconocidos y una fragancia odiosamente familiar que invadía el ambiente.
-¿De verdad creíste que iba a ser tan fácil? Ese sería un final demasiado rápido para ti, y queremos verte sufrir. Nos hemos adelantado a cada idea que pudieras tener, y te estaremos vigilando a cada momento.
-¿Soy tan importante en sus miserables vidas? Sólo déjenme morir, locas de mierda –dijo mientras manoteaba hacia todas direcciones, esperando alcanzar al menos a una de ellas.
-No, querido…Aún no has sufrido lo suficiente, necesitamos que sufras mucho más. Estamos hartas de la escoria como tú, así que nos unimos para castigarlos como se merecen.
-No pueden hacer esto por siempre, alguien las va a descubrir y van a terminar todas en prisión. Putas lesbianas dementes.
Una sonora risa colectiva llenó la habitación, aquello lo atemorizó, ¿cuántas eran? ¿10, 20?
-No tienes idea del alcance que tiene nuestra organización, estamos en todas partes, en los restaurantes, las escuelas, la policía, el gobierno, y por supuesto, tenemos a alguien en tu trabajo, perdón, en tu ex-trabajo, ¿cómo crees que te encontramos? Así que no te preocupes por nosotras, sabemos cuidarnos.
Las mujeres dejaron su hogar, no sin antes propinarle una paliza y dejarle bien claro que eso sería lo que ocurriría cada vez que intentara quitarse la vida. Desde aquel día, Jonathan no volvió a tener un día de paz, caminaba cautelosamente por las calles, se estremecía al percibir esa maldita fragancia frutal, huía al escuchar voces femeninas y sentía desconfianza de las mujeres que se acercaban a ofrecerle comida o dinero. Trató de quitarse la vida un par de veces más, sólo para confirmar que le sería imposible concretarlo y que sólo se ganaría una golpiza de la que no podría recuperarse en días.
Se acostó en la cama de su fétido apartamento, del que no había podido echarlo aún, y lloriqueo en soledad, si es que realmente estaba solo.