lunes, 11 de abril de 2016

SADIE. C.1 - La muerte de la bruja (parte 1)


I

LA MUERTE DE LA BRUJA

“Mátenme de nuevo o tómenme como soy,
porque no cambiaré.”

D.A.F. de Sade

-Es tu turno de ir por el balón -le dijo Jack a su hermanita.
-Pero ese es el lugar de la bruja y ya está muy oscuro, mejor vámonos, mamá se va a enojar –contestó ella con su voz infantil.
-Recuerda que la bruja dejó de serlo y el balón se fue porque eres la peor jugadora de fútbol del mundo así que debes ir por él, cobarde.
-Las brujas no cambian…y yo no soy cobarde - dijo la niña con voz nerviosa y tras esperar un pequeño momento, seguramente para armarse de valor, se dirigió hacia el balón que estaba al otro lado del parque tras numerosas plantas que impedían conocer su ubicación exacta. Aun así Amy estaba segura de que estaría en el lugar de “la bruja”.
 Jack, que la vio cruzando el parque con su cabello negro recogido en dos colitas y su gesto de fingida valentía pensó que en sus cinco años de edad jamás se había visto más tierna. La niña caminó a través de la serie de árboles y arbustos que dividían esa parte del parque y la perdió de vista, pocos segundos después un grito de terror rompió con la tranquilidad del parque.
Él sabía que se trataba de su hermana así que corrió hacia donde había ido suplicando que sólo hubiera visto una araña o alguno de esos animales que le daban tanto miedo, sí, eso debía ser, era una niña tan cobarde…Llegó hasta donde se encontraba y la vio sentada en el suelo llorando.
-¡B-bruja Jack! ¡La bruja!
-¿Bruja? ¿Te asustó esa loca otra vez? Te dije que ya no es una bruja, de hecho creo que nunca lo fue.
-No Jack, ¡la bruja murió! -la niña que seguía sollozando (no porque le diera tristeza la muerte de “la bruja” si no porque se había horrorizado con lo que vio) señaló hacia el otro lado del parque y Jack comprendió el estado de su hermana.
Una hermosa luna llena y un cielo tan lleno de estrellas como jamás hubo en aquella ciudad eran el complemento perfecto para la muerte de Sadie, la supuesta bruja que mencionaba Amy. Cuando la encontró, la joven de apenas diecisiete años tenía las muñecas desgarradas, sangre manchaba su elegante vestimenta gótica, estaba atada a una cruz negra de madera y sobre donde debía estar el corazón habían clavado un pequeño cuaderno morado que apenas podía verse pues estaba cubierto casi en su totalidad por su largo cabello negro. De inmediato iniciaron las investigaciones y se le sumó a las tragedias que habían ocurrido recientemente en aquel lugar.
Aquella era una pequeña ciudad sumamente religiosa que conservaba innumerables edificios de la época virreinal dándole cierto encanto atemporal, no era extraño que los turistas que la visitaban se quedaran maravillados con sus enormes y bien conservadas iglesias, su abundante vegetación, la escasez de contaminación y la amabilidad de sus habitantes causando que volvieran poco tiempo después para convertirla en su residencia permanente; lo que ocasionaba que estuviera poblada por personas de todas culturas, religiones y países. Sin embargo, a pesar de lo magnífica que les parecía aquella urbe a los visitantes, los residentes más suspicaces podían notar la doble moral que predominaba, el elitismo injustificado, el malinchismo, el rechazo a la modernización y los numerosos negocios turbios que se llevaban a cabo clandestinamente. No obstante se mantenía como una de las ciudades más seguras y tranquilas del país, por lo que los hechos que ocurrieron en los últimos meses habían tomado por sorpresa a sus habitantes.
Cuando Justina, la madre de Sadie, llegó al parque y vio el cuerpo crucificado de su hija quedó completamente devastada; tras su primer aborto espontáneo creyó que Dios la castigaba por su anterior vida errática y que nunca la dejaría ser madre, sin embargo un año después ahí estaba Sadie, con sus grandes ojos almendrados y su cabellera azabache, era perfecta, ni siquiera le importó cuando le mencionaron que no podría tener más hijos, con ella era más que suficiente. Con Alfonso, su padre, no fue la misma historia, pues él deseaba más que nada tener un varón el cual cumpliera su sueño irrealizado de ser un boxeador profesional pero con el tiempo, al ver lo fuerte que era su hija volvió su ilusión hasta que ella le anunció que su mayor interés era la literatura.
 Al mover el cuerpo sin vida de Sadie retiraron el cuaderno violáceo, éste sería la más sombría de sus obras. Era de diseño simple, lo que era extraño en ella pues solía convertir sus cuadernos en verdaderas obras abstractas, sólo tenía 3 palabras en su portada: “Aún no entienden”.
 Esa era una frase que Sadie solía decir “no entienden” y en efecto Justina nunca había entendido como es que su hija había pasado de ser una buena niña con calificaciones perfectas a ser una adolescente rebelde con problemas de alcoholismo, pero ¿acaso no todos los adolescentes atraviesan aquella etapa de indisciplina? Dudaba que su hija pudiera tener problemas importantes, “problemas de adulto” decía ella. Siempre estaba ocupada preocupándose por lo mal que iba su situación económica, justificaba el no ponerle más atención diciendo que Sadie prefería estar sola.    
Alfonso, un hombre fuerte físicamente y que aparentaba serlo emocionalmente, vivía sumergido en su trabajo al grado que rara vez se encontraba en casa, él siempre decía “ya se le pasará con el tiempo” y sintió que su teoría se confirmaba cuando Sadie comenzó a dejar sus conductas extrañas.
   Cuando el cuaderno fue removido del cuerpo de Sadie la decisión del comandante a cargo fue desecharlo pero Justina intervino y pidió que la dejaran conservarlo. Ella contempló largamente aquella frase formada en él con recortes de revistas. Recordó haber visto ese cuaderno en una ocasión en la que había entrado sin permiso al cuarto de Sadie. A Justina realmente no le agradaba estar en ese cuarto, pero aun así lo visitaba a menudo ya fuera para buscar drogas o sentarse en la destendida cama para intentar comprender qué pasaba por la mente de su hija. Se quedaba largo rato observando la extensa colección de afiches que apenas si permitían notar que el color de la pared era púrpura y el vestuario gótico tan costoso que nunca consiguió prohibirle comprar. Contemplaba con cierta curiosidad los dibujos de Sadie descifrando las figuras en ellos, miraba las muñecas que había modificado hasta volverlas engendros irreconocibles y la gran colección de libros de las temáticas más extrañas que se le pudieran ocurrir, desde novelas sanguinarias a ensayos sobre demonología.
 Lo que más le causaba curiosidad de aquel cuarto era un dibujo hecho por Sadie, sin duda el mejor, mostraba a una mujer muy hermosa de cabello rizado largo, usaba un especie de toga que le hizo pensar en una diosa griega, en una mano sostenía una majestuosa espada y sobre la otra flotaba una llama, tal vez hacía alusión a una diosa de la guerra, en los pies llevaba unas majestuosas sandalias doradas que se sujetaban con lazos hasta la rodilla. La belleza de aquella figura sólo se opacaba con aquella mirada tan penetrante y maligna, además del par de alas demoníacas que salían de su espalda.
Ese dibujo la fascinaba y aterraba al mismo tiempo, el día en que vio el cuaderno incluso sintió que le había hablado, que aquella mujer fue la que le indicó donde encontrarlo. Así, bajo un caos de ropa, muñecas y zapatos lo vio. Apenas estaba por hojearlo cuando Sadie llegó, enfurecida de verla en su cuarto se lo arrebató y la corrió a gritos.
Justina conocía el temperamento de su hija, sabía que era normal el enojo al verla en su habitación pero había algo diferente esa vez, ¿se trataba de miedo, desesperación?, lo único que le quedaba claro era que se debía al cuaderno, ella no quería que lo viera. Y ahora que lo tenía en sus manos no sabía si realmente quería saber lo que había en tal cuaderno, si a Sadie no le avergonzaban sus perversas historias, ¿qué querría ocultar?
 Recordó las largas mangas del blusón gótico de su hija rozando furiosamente contra su mano para arrebatarle la libreta y cayó en la cuenta de algo que no cuadraba, hacía meses que ella no usaba esa clase de ropa, de hecho ni siquiera la conservaba ¿entonces por qué la había portado el día de su muerte? Quizá era algo sin importancia  pero a Justina le extrañó demasiado.
Decidió no leer el cuaderno pues le asustaba su contenido, además ya se le hacía tarde para sus acostumbradas reuniones cristianas, era el único momento en el que olvidaba sus problemas y cada vez rezaba por la salvación de su hija. Guardó el cuaderno en un cajón de su buró y se fue. Llegando a tales reuniones recibió el pésame de sus amigos.
-Lo siento mucho por tu hija, su pobre alma arderá eternamente en el infierno, sabes que los suicidas van ahí - le dijo una mujer de aspecto serio y cabello canoso pulcramente recogido que usaba grandes lentes oscuros.
Justina la miró muy enfadada y le contestó:
-Mi hija fue asesinada Rose.
Tal idea no le agradó le agradó en absoluto, ¿cómo le podía decir esa clase de cosas? Pero no importaba, ella sabía que Sadie no se había suicidado, había cambiado mucho y seguramente ahora estaba con Dios.
Al día siguiente fue a comprar la despensa de la semana tal y como lo hacía cada miércoles, sintiendo melancolía cada vez que veía algún objeto que le recordara a su hija, su cereal favorito, ropa como la que solía usar, jóvenes parecidas a ella… Con tristeza regresó a su hogar y comenzó a ordenar sus compras enseguida, no soportaría el desorden. Al terminar decidió sentarse un momento en su sala y notó un objeto que no debía estar en su mesa, se trataba del cuaderno de su hija, tenía un mensaje diferente esta vez pero tenía el mismo corte sanguinolento en la esquina superior izquierda, los recortes ahora formaban la frase  “Léelo y entenderás”.
Justina empezó a sentirse nerviosa, se preguntaba porque el mensaje había cambiado y como era que el cuaderno había llegado a ese lugar, tal vez Alfonso había llegado temprano de trabajar y había sentido curiosidad por él, pero…y ¿el mensaje? Quizá había leído mal la primera vez y sólo se encontraba estresada.
Se tranquilizó con dichas ideas y decidió recostarse un momento en su cama, se acercó a su buró, sobre el cual tenía numerosos libros de temática religiosa, buscando alguno con el cual relajarse un rato. De pronto vio algo poco familiar en su colección, un lomo morado que no pertenecía ahí. Ella sabía bien lo que era y de inmediato desertó de su búsqueda.
Estaba alterándose así que prefirió dormir un momento, pasó largo rato y no lograba conciliar el sueño, tras un parpadeo notó el cuaderno ya no entre sus libros si no a la orilla del buró, llamándola, con la invitación en él “Léelo y entenderás”. Decidió voltearse para no verlo pero comenzó a escuchar como el buró se tambaleaba tirando todo lo que había sobre él.
Asustada volteó inmediatamente, el buró no se movía y todo seguía en su lugar, pensó que había imaginado el sonido pero su mirada permaneció fija en el cuaderno. De pronto éste se abrió y las hojas comenzaron a pasarse solas, las primeras estaban en blanco pero tras la mitad una viva imagen de su hija apareció en ellas, era como en los últimos días, normal y sonriente, sin embargo la sonrisa se desvaneció, un gesto de desesperación inundaba su rostro, la imagen se llevó las manos al rostro y tras un grito desgarrador se arrancó la piel mostrando los músculos ensangrentados bajo ella.
 Justina emitió un grito de terror y enseguida despertó al escucharse a sí misma. Tal había sido su miedo que algunas gotas de sudor resbalaban por su frente, al menos sólo había sido un sueño. Volteó hacia el buró y asustada notó que el cuaderno se encontraba a la orilla.
 Su primera reacción habitual sería ir a leer algún salmo en la Biblia para calmar su ansiedad pero contrario a eso tomó el cuaderno en sus manos, lo contempló largo rato antes de decidir abrirlo, por fin lo hizo, el cuchillo con el que había sido clavado al cuerpo de Sadie había dejado un corte ensangrentado en cada página lo que le causó repulsión pero no la suficiente para dejar el cuaderno; una hoja se había anexado a él y estaba fechada con el día previo a la muerte de Sadie, comenzó a leer lo que decía:

28 de marzo
Hola Justina, sé que tú eres quien leerá estas páginas, ¿quién más? ¿Acaso Alfonso? Aquél que siempre quisiste que viera como un padre, ¡ja! Un fantasma que apenas si se materializa en tu casa no puede ser considerado como tal. Sé que él no lo leería, jamás le interesó conocerme en vida y ahora muerta sé que me desechará como un mal recuerdo.
Para cuando leas esto seguramente ya estaré bajo tierra tal y como lo deseaba. Lo que tienes en tus manos es la crónica de una vida, las explicaciones que querías, un diario. Espero que con esto entiendas porque, aunque te parecía que eran los meses más felices de tu hija yo sólo me pudría por dentro. Notarás que dedico mi muerte a ti y a tu querida religión.
Y no te preocupes por aquel asunto del infierno, pues no hay mayor tortura que la que pasaba en vida, serán vacaciones para mí. Sé que estar sin mí te hará feliz, no más pleitos, no más enojo ni música a altas horas de la noche. Duerme feliz.
Te amo,
Sadie

miércoles, 16 de marzo de 2016

EN MI MUERTE

Arreglarán mi cuerpo, me pondrán mi mejor ropa,
hay que verse presentable para los gusanos,
no querrán comerse un cuerpo desagradable.

Todos los que nunca me hicieron caso,
ahora llorarán junto a mi tumba,
que montón de hipócritas,
¿qué acaso me quieren ahora que soy un cadáver?

Llenarán mi lecho de muerte con flores,
flores que no me servirán de nada,
no puedo llevármelas conmigo.

Dirán que fui una gran persona
y otras mentiras como esa.
Personas se acercan y me hablan
¿por qué?, en donde estoy
no puedo escucharlos.

Pero antes de abandonar este mundo
haré que se encaminen a la locura
todos los que osaron lastimarme
invadiré sus sueños,
los convertiré en pesadillas,
no dejaré de torturarlos
hasta que mi venganza quede consumada

y al fin pueda descansar en mi dulce infierno.


Ilustración por Daniela Ramos

La presa


Se despertó aturdido por el fuerte olor dulzón de la sangre y el inconfundible aroma a putrefacción, la cabeza le dolía profundamente y le recordó vagamente a las resacas que sufría cuando estaba vivo. Al abrir su ataúd e iluminar su interior con la tenue luz de la luna pudo ver a su lado el cadáver decapitado de una mujer y las imágenes del día anterior volvieron a su mente.
Había salido sediento de sangre rumbo a uno de sus bares góticos predilectos, sin embargo se había encontrado a una chica ligeramente regordeta –aunque sin duda atractiva– leyendo la novela que él más odiaba en el área de fumadores de un café repleto de seudo intelectuales;  decidió seducirla y convertirla en su presa de la noche.
El asunto resultó ligeramente más tardado de lo planeado y tuvo que llevarla hasta su hogar, un elegante departamento ubicado en el sexto piso de un gran edificio. Utilizó uno de sus trucos más sencillos que impresionaban en demasía a sus mortales conquistas, la tomó en brazos y saltó de la planta baja hasta el balcón de su hogar. La joven alternaba la emoción y el miedo al averiguar que su acompañante no era un ser humano ordinario.
El interior del lugar tenía una costosa y moderna decoración, gracias al dinero robado a sus numerosas víctimas a lo largo de los años, y en la habitación principal se hallaba un gran ataúd negro abierto con el interior forrado de terciopelo rojo. Ella quedó fascinada ante aquel enorme y extravagante adorno así que de inmediato se sentó dentro de él acariciando su interior.
El gallardo bebe sangre le ofreció una copa de vino mientras aquel pedazo de carne viviente parloteaba de asuntos que poco le importaban. Se introdujo en el ataúd sobre la chica, olfateando la deliciosa sangre mezclada con el aroma del vino, besó la suave piel de su cuello sintiendo como sus venas palpitaban apenas conteniéndose de traspasarlas con sus afilados colmillos, recorrió sus muslos desnudos con sus frías manos provocándole un ligero escalofrío.
Desabotonó su liviano vestido cincuentero dejando al descubierto su tersa piel, deslizó sus fríos pero suaves labios desde sus pezones desnudos hasta su pelvis, recorrió la parte interna de sus muslos y mordisqueó la piel sobre su arteria femoral extrayendo sólo la sangre necesaria para conseguir una erección. La hizo girar utilizando su gran fuerza y ella quedó con el pecho oscilando sobre el terciopelo; observó a su víctima una vez más, estaba inclinada ofreciendo sus amplias caderas y el ángulo conseguía que su cintura luciera más estrecha permitiendo a la vez contemplar sus hermosos senos, simplemente no pudo contenerse más y la penetró con la potente erección que había logrado gracias a su sangre. ¡Cómo disfrutaba de aquellos instantes! ¡La adrenalina, el placer, el aroma que expedía el sexo de aquellas mujeres!
Gozaba tirando de su cabello y propinándole fuertes palmadas a las que ella respondía favorablemente y tras largos y exquisitos minutos de placer, cuando el vampiro sabía que estaba por terminar aquel acto carnal jaló con más fuerza de aquella cabellera y con la mano libre desgarró su garganta, tras un rápido tirón más la cabeza se desprendió por completo causando que su sangre brotara  como una fuente y ese siniestro ser bebió de él procurando no dejar escapar ni una gota, a la vez que descargaba su semilla estéril en aquel cuerpo. Recordó también que se percató de la proximidad del amanecer y cerró velozmente el ataúd sin importarle el cadáver a su lado.
Aún con la terrible jaqueca destazó el resto del cuerpo y lo colocó en varias bolsas plásticas, encontró la maldita novela que había causado la muerte de aquella chica y la arrojó en una de las bolsas. ¡Cómo odiaba esa porquería! ¿Vampiros enamorados que asistían a la preparatoria eternamente? Y además ¡brillan con el sol! Qué vergüenza…Ni aquellos vampiros victorianos e impotentes con tintes homosexuales le habían resultado tan humillantes como esto. Damián era un despiadado beber de sangre y le horrorizaba ver cuánto habían denigrado a su estirpe en la actualidad. Su apariencia era de un joven de apenas veinte años, sin embargo contaba con sesenta y tres, un poco viejo para un mortal pero muy joven para un vampiro.
 Por eso cada noche buscaba a alguna de esas idiotas “amantes de los vampiros”, complacía momentáneamente sus infantiles fantasías y finalmente las asesinaba sádicamente. Gracias a su físico esto le resultaba extraordinariamente sencillo; su estatura estaba en el promedio de los humanos, sin embargo, debido a su delgado pero ligeramente musculoso cuerpo, lucía más alto de lo que era en realidad. Sus ojos grises enmarcados por gruesas cejas resultaban hipnóticos, al igual que su mortecina piel blanca que contrastaba con su largo y espeso cabello azabache, todo lo anterior mezclado con su voz de barítono le daba un toque de rockstar al que las mujeres no podían resistirse.
Acudía constantemente a bares góticos seleccionando a las chicas más atractivas que portaran algún ornamento que hiciera alusión a la cultura vampírica, como ellos le llamaban. Su preferido era el Bleeding Morbid Cat y a él se dirigió esa noche tras deshacerse de la regordeta (su nombre había sido Tamara, pero eso era algo que ya no importaba). Miró entre la clientela, la misma marea de exceso de maquillaje negro, terciopelo e imitación de piel; y entre ellos siempre había alguna fanática cursi del vampirismo moderno, la escoria del mundo.
Le bastaron un par de minutos para escoger una presa, era una joven de largo cabello negro, facciones delicadas y un hermoso cuerpo obviamente modelado por el constante uso de corsets, la razón para elegirla - además de su gran belleza – había sido el dije que pendía de una gargantilla  y se posaba sobre sus firmes pechos, era una gema roja con alas de murciélago. Podría tratarse de que a la chica le gustaran aquellos animales o que simplemente le hubiera gustado el diseño del colgante, sin embargo él lo tomó como una invitación.
No obstante, cuando pretendía acercarse a ella había desaparecido, miró a su alrededor y por fin la encontró saliendo del lugar así que se apresuró a alcanzarla; para su fortuna ella estaba en la entrada del lugar en actitud de espera.
-¿Te vas tan pronto? –le preguntó él con su ensayado tono seductor.
-No encontré nada que valiera la pena…hasta ahora –. Respondió ella con una encantadora voz profunda mientras lo miraba atentamente.
El valet parking interrumpió la fugaz conversación al aparecer con el automóvil de la mujer, un modelo de los años sesentas restaurado magníficamente, a Damián le recordó la época en la que era un joven mortal. Ella tomó sus llaves, se colocó detrás del volante y cuando el bebe sangre estaba por retirarse resignado ella le gritó:
-Sube niño bonito.
Él obedeció sin dudarlo y el auto arrancó alcanzando una velocidad impresionante para un modelo tan antiguo como ese, cruzaron la ciudad en poco tiempo y siguieron por la carretera, tan sólo se veían árboles por doquier y al vampiro le consternaba no encontrar un refugio antes del amanecer, la idea de enterrarse le parecía sumamente desagradable.
-¿A dónde vamos?
-No pareces la clase de persona a la que le importe –respondió ella y al ver que él esperaba una respuesta más consistente agregó: A mi casa, ya estamos por llegar.
Dejaron la carretera para adentrarse por un camino apenas visible entre los árboles y tras pocos minutos una enorme casa de estilo gótico con grandes vitrales y numerosas gárgolas apareció frente a ellos; el interior era del mismo estilo antiguo, no había rastro alguno de modernidad en aquella casa, era como si se hubiera detenido en el tiempo y lo que le molestó a Damián fueron los numerosos murciélagos que se encontraban decorándolo todo.
La mujer lo condujo por las escaleras, cuyos pilares principales eran pequeñas estatuas de querubines, hacia a una habitación que lucía más como una sala de tortura de la Inquisición que como un lecho de amor. Le indicó que se pusiera cómodo y que ella volvería enseguida, Damián husmeó por el lugar, encontró un librero que confirmaba su misión pues estaba lleno de textos alusivos a los vampiros, desde novelas hasta investigaciones; había también un curioso estante repleto de frascos que parecían llenos de tierra y que estaban fechados y por supuesto toda clase de aparatos de tortura sin duda auténticos que valdrían una fortuna en un museo; tras terminar con aquella humana saldría de ese lugar con un buen botín.
Su anfitriona volvió tras cambiar su vestuario entallado por una larga capa que cubría por completo su cuerpo, se acercó al no muerto y sin más preámbulos lo besó mientras iba despojándolo de su ropa con destreza; al tenerlo por completo desnudo lo hizo recostarse sobre una larga placa metálica que le hizo pensar en una cama bastante incómoda, se sentó sobre su cuerpo y se agachó sobre él lamiendo su cuello, Damián estaba tan distraído que apenas escuchó el segundo chasquido de los grilletes que le habían colocado en ambas muñecas y miró alertado a esa extraña mujer.
-No te preocupes, no te haré daño, sólo tengo gustos extravagantes –dijo ella tranquilizándolo mientras se dirigía hacia sus piernas para colocarles grilletes también. Al vampiro no le preocupaba aquella situación, confiaba demasiado en la fuerza sobrenatural que le habían dado los años y sabía que romper una simple cadena no representaba problema alguno para él.
Ella desabotonó su capa y dejó que se deslizara por su cuerpo desnudo, al vampiro le resultaba una visión excitante, sin embargo su miembro no tendría reacción alguna sin beber un poco de sangre y como si la mujer hubiera leído sus pensamientos, tomó una pequeña daga y le hizo un breve corte a uno de sus senos para luego ofrecerle el líquido vertiente a su amante encadenado; tras beberla una erección surgió casi inmediatamente ante la sensación de esos suaves y exquisitos pechos.
Tras arrojar la daga al suelo, se colocó sobre él y comenzó a mover su cadera de arriba abajo con movimientos lentos y lúbricos para luego aumentar la velocidad causando gemidos en su compañero. Para él ver como ella arqueaba su espalda hacia atrás mientras sus senos se movían rítmicamente era aún más estimulante que la fricción sobre su pene, su cuerpo le parecía simplemente perfecto, era una pena que terminaría en algún basurero o canal de la ciudad.
Cuando el vampiro estaba a poco tiempo de alcanzar el clímax, la desconocida se detuvo tras un espasmo de placer y se levantó para volver a colocarse su capa. Él gritó insistiendo en que no podía dejarlo así. Ella rió inconteniblemente y accionó una palanca que hizo la placa metálica pasara de horizontal a vertical, dejando al hombre –o lo que aparentaba ser un hombre– frente a ella.
-¡No puedes dejarme así maldita fanática de los vampiros!
-¿Fanática de los vampiros?
-Tienes toda la maldita casa llena de decoraciones con murciélagos y ese estante con libros relacionados con vampiros.
-Claro, los murciélagos son animales bastante interesantes. Sin embargo no soy una fanática de vampiros, simplemente los estudio para destruirlos. –Damián no tuvo oportunidad de reaccionar antes de que ella jalara una de las pesadas cortinas de la habitación y dejara entrar los rayos del sol justo sobre él, se retorció desesperadamente pero ya nada podía salvarlo, todo su cuerpo estalló en llamas hasta convertirse en cenizas.
La caza vampiros abrió una compuerta en la placa y extrajo un frasco en el que habían caído los restos de lo que alguna vez fue un despiadado vampiro, escribió la fecha en la etiqueta y lo colocó en el estante junto a los demás. Era hora de descansar, esa noche saldría cazar de nuevo.

El burdel de las parafilias. C 6: Anofelorastia y flashbacks



PUTRID DOLL
Coloca una nueva hoja sobre su restirador, en la esquina superior izquierda se encuentran dos bocetos, el primero muestra a una chica con un vestido hecho de piel y coronada con una diadema de dientes, el segundo ilustra a un par de gemelas vestidas como bailarinas de belly dance sosteniendo espadas, es el espectáculo que se presentará esta noche.
Sin embargo esta vez su jefa, Alyssa Romanova, la hace ponerse cursi debido a que una estúpida pareja de clientes quería celebrar su aniversario en el burdel. ¿Quién carajos celebra su matrimonio en un burdel? Qué idiotez…Eso del romanticismo no era para nada lo suyo y no era parte de su contrato…bien…obedecer en todo a Liss era su trabajo, pero cuando se lo planteó no se imaginó esta situación. Dibuja tres cuerpos destazados formando la típica frase “I ♥ U”, dibuja un tache enorme sobre el dibujo, piensa en hacer algo similar pero con el símbolo de infinito, lo desecha enseguida, demasiado hipster, arranca la hoja completamente frustrada y la arroja a la basura donde se encuentra con otra decena de papeles arrugados.
Piensa en llamar a la pequeña Candelaria (la maid que usualmente ofrece bocadillos caníbales a los clientes) para que le proporcione algunos de sus manjares, pero presiente que sólo será una distracción. Decide tomar una libreta de dibujo y recostarse en su cama, siempre le ha resultado más fácil inspirarse estando horizontalmente, abre la libreta y sólo consigue usarla como almohada; esta labor le está pareciendo torturante y aburrida, sin embargo ese castigo no duraría mucho y podría continuar con su labor habitual. A decir verdad aquel era el trabajo que siempre había anhelado y ni un lapsus de cursilería lo arruinaría, comenzó a perderse en el recuerdo del día en el que se unió al personal del burdel de las parafilias.

- Y bien señorita Díaz… ¿qué piensa de mi oferta de trabajo?
- Me parece bastante buena, quizá demasiado para ser real. Pongamos las cartas sobre la mesa Alyssa – Liss hizo un ligero gesto de molestia, las personas rara vez la llamaban por su nombre completo - ¿qué es exactamente lo que tengo que hacer y qué me darás a cambio de hacerlo?
- Te encargarás de los espectáculos del burdel, para ello te proporcionaré todo lo que necesites y como pago podrás hacer uso nuestros servicios siempre que quieras, además de contar con hospedaje y alimento en nuestras instalaciones.
-¿Y qué? ¿Nada de dinero?
-¿Para qué necesitarías dinero Jennifer? – dijo ella adoptando el tono familiar que su interlocutora había tomado – Tu habitación contará con todo lo que necesites y mucho más, podrás diseñarla a tu gusto.
-Eso de la habitación me suena a que tendré que estar trabajando mucho tiempo, ¿cuál será mi horario? – la europea no pudo contener una carcajada ante esa pregunta.
- No tendrás un horario, si aceptas el trato pasarás a ser propiedad del burdel y no podrás salir de él. Pero no pongas esa cara, ¿qué puedes perder? ¿Una familia que no te comprende? ¿Una escuela llena de gente que te desprecia? ¿Una sociedad que jamás te aceptará? Piénsalo, aquí puedes realizar cada fantasía que cruce por tu mente, lo que hiciste hace unos días no es más que el comienzo, tienes posibilidades infinitas, recursos ilimitados y vivirás rodeada de lujos y sirvientes que estén a tu disposición todo el tiempo. Entonces, ¿qué escoges? – Jennifer lo meditó un poco pero no había mucho que pensar.
-¿En serio no podré salir de nuevo?
- Te daré un día libre al año y siempre puedes emular un paisaje exterior en alguna de nuestras habitaciones.
-De acuerdo, acepto. Pero hay algo más que quiero como pago. – Liss la miró expectante y le hizo una seña con la mano para que continuara – Quiero información, saber exactamente cómo funciona este lugar, ¿cómo se mantiene si no cobran a sus clientes? ¿Cómo es que consiguen personas tan hermosas que estén dispuestas a prostituirse? Es decir…no lucían maltratados ni temerosos, así que no pueden estar secuestrados y por tu misma mencionaste que eran más de trescientos.
- Olvidaba que tú no viviste la experiencia completa del burdel, debí dejarte hacerlo, pero eres tan joven, tan sádica, me recuerdas a mí a tu edad, simplemente no pude hacerlo. Te lo explicaré, o mejor aún, te mostraré un video que te resultará mucho más educativo. -  Tecleó en su computadora y le mostró la pantalla a Jennifer, eran las imágenes de un pedófilo con una pequeña niña pelirroja, la ultrajaba para luego destrozar su cráneo con un martillo y esparcir su semen en los restos. Se hacía un corte en la escena y volvía a aparecer el pedófilo, esta vez estaba esposado y un montón de niñas se acercaban para arrancarle pedazos de piel a mordiscos; finalmente aparecía otra niña pelirroja, Jennifer tuvo que acercarse a la pantalla, era idéntica a la niña que habían asesinado al principio.
-Sí, es la misma chica. – le dijo Liss adivinando su pensamiento. Jennifer volvió a mirar atentamente la pantalla, definitivamente era la misma chica o quizá su hermana gemela, ahora empalaban al pedófilo con un taladro gigante.
- ¿Matan a los clientes? ¿Entonces cuál es su ganancia? No lo entiendo.
- Sigue mirando. – habían vuelto a bajar el taladro, un par de maids limpiaban el cuerpo y lo vestían con ropa limpia idéntica a la que se había manchado de sangre, tras lo que lo dejaban en un área limpia y se marchaban. Alyssa adelantó la grabación media hora, de pronto el hombre se levantó y se retiró del lugar como si nada hubiera sucedido. Jennifer casi pega su rostro a la pantalla intentando encontrar algo que indicara que era falso, que aquel era otro hombre, pero no pudo lograrlo.
-¿Qué carajo? Esto no puede ser verdad. Es un montaje, efectos especiales, que sé yo…
-Dime, ¿cuál fue tu esclavo preferido?
-Daniel Cifer. – respondió ella sin dudarlo, aunque no sabía a qué venía la pregunta. Alyssa tecleó algo en su computadora y sonrió perversamente. - ¿Por qué? ¿Acaso estás buscando mi grabación con él? ¿Filman a todos los clientes? ¿Así obtienen dinero, con películas snuff? – no pudo continuar con su mar de preguntas porque el sonido de la puerta la interrumpió.
-Adelante. – gritó Liss aún con esa sonrisa maliciosa. La quinceañera miró hacia la puerta, primero con curiosidad y luego con horror,  a unos cuantos metros de ella se encontraba una aparición, un espectro, un joven de un metro ochenta de alto, de piel lechosa y atractivo como un Adonis, Daniel, su Daniel Cifer, al que le había destrozado el cráneo con una tina y había cercenado post mortem. Era imposible y sin embargo ahí estaba. Debía ser un truco, un gemelo… ¿pero podían tener un suministro infinito de gemelos?
- Daniel, ¿recuerdas a esta chica?
- Por supuesto, el ama Jennifer. Me encantaría volver a verla cubierta de sangre. – No…este no era ningún gemelo, aquella voz, aquellos gestos seductores, sin duda alguna era el mismo hombre que había compartido una tina sangrienta con ella. Tras decirle a Alyssa que le creía, ella le ordenó al joven que se retirara.
-Ahora tengo más dudas que nunca… ¿qué es este lugar? ¿Cómo es que él sigue vivo…y entero?
-Ah…es una historia bastante larga… ¿estás segura de qué quieres escucharla?
-Por supuesto, mientras más larga y detallada mejor. – entonces Jennifer esperó atentamente a que comenzaran a relatarle aquella historia, la historia de Alyssa Romanova y sobretodo, la historia del Burdel de las Parafilias. Ella tomó aliento y comenzó:
›› Era una noche cálida de primavera hace nueve años, ahí estaba yo nuevamente, en ropa interior con encaje, salpicada de sangre, fumando uno de mis Benson mentolados, recostada en la gigantesca cama de un hotel cinco estrellas y al lado del flácido cuerpo de la última de mis víctimas, sus sesos están esparcidos en la almohada y, por cómo se siente mi frente, sospecho que también en mi rostro.
››Realmente no quiero hacer esto por siempre, sí, al principio esto de seducir hombres adinerados para luego asesinarlos y hurtar su dinero era divertido, pero quiero algo más, iniciar un negocio, en específico pienso en un burdel al estilo europeo, pero no uno común, quiero que sea algo espectacular.
››Me termino mi cigarro y me desnudo para quitarme de encima los restos de Manuel… ¿cuál era su apellido?, da igual, lo único que recuerdo es que era bastante sensual, es por eso que me lo follé antes de matarlo, los feos o viejos apenas sobreviven más de cinco minutos tras entrar en la habitación.
››Bajo la ducha sigo pensando en  mi burdel soñado y me convenzo de que sería todo un éxito, hasta donde sé no hay nada parecido en esta ciudad, desarrollo más la idea, tendría cuartos temáticos, innumerables vestuarios, cientos de prostitutas de primera, el sueño se desmorona de nuevo…para un proyecto así necesitaría mucho más dinero del que obtengo con estos sujetos.
››Salgo del baño y me miro en el gigantesco espejo que cubre en su totalidad la pared lateral de la habitación, mido un metro ochenta, mi cabello lacio llega hasta mi delgada cintura, tengo pechos grandes y firmes que hacen juego con un bien proporcionado trasero, además de marcados rasgos europeos heredados de mi padre, no hay necesidad de modestia fingida, soy muy atractiva, podría fácilmente engatusar a uno de esos millonarios para que se casara conmigo, sin embargo no es la clase de vida que me interesa y en época asesinar a un esposo no resulta tan sencillo.
››Quizá este desquiciado sueño tenga que esperar un poco, si dejo de derrochar en atuendos costosos, spas y restaurantes de lujo podría conseguir el dinero suficiente en un año o dos. ¡Ja!... ¿a quién engaño? Amo todas esas banalidades costosas.
››Pienso momentáneamente en mi ex, un sujeto adinerado y atractivo, de haberme quedado con él ahora podría estar asoleándome junto a la piscina en alguna de sus gigantescas casas. Sin embargo también podría estar en un hospital con las costillas rotas o gimiendo ante sus duras embestidas, eso era lo único que hacíamos, pelear y tener sexo violento hasta quedar agotados, fue bueno los primeros años pero terminé hartándome de todo eso. Decido olvidarme del “hubiera”, de cualquier forma odio los baños de sol, Zaireth puede quedarse con su agua clorosa.
››Me visto nuevamente, tomo la cartera del aquel hombre, su credencial de elector dice que su nombre es Manuel Rodríguez, me llevo el dinero y su tarjeta de crédito (conseguí sacarle su pin a mitad de un inmenso orgasmo), antes de irme le echo un vistazo a la escena, sonrío, la mucama va a tener mucho trabajo por la mañana.
››Vacío la cuenta del hombre, tristemente apenas son treinta mil pesos, me deshago de la tarjeta y regreso a mi hogar, un departamento espacioso de decoración austera pero bien elegida, limito mis compras compulsivas a ropa, zapatos y alcohol que siempre deben ser de la mejor calidad.
››Tras comer y dormir un poco elijo mi look de la noche, una peluca castaña corta, un ceñido vestido strappless y un par de tacones que me hacen lucir gigantesca en comparación con las mujeres de esta ciudad.
››Reviso mi agenda y reafirmo el lugar al que acudiré esta noche, una fiesta de beneficencia llena de políticos y celebridades, un lugar perfecto para ir a cazar, por supuesto tendré que elegir a alguien que no esté demasiado en la mira de la prensa o tendré problemas. Al llegar puedo colarme entre los invitados gracias a mi físico y un poco de ingenio, comienza la cacería… Me dedico a descartar a los más famosos, a los acompañados y a los demasiado jóvenes, por fin encuentro a una buena presa, atractivo, en sus treintas, porta un reloj bastante caro al igual que todo su atuendo, su aspecto luce muy trabajado así que comienzo a suplicar que no sea gay…
››Resulta que no lo es y que es dueño de una empresa multinacional, vuelvo a considerar la opción de un matrimonio por conveniencia pero sigue sin ser mi estilo, quizá pueda torturarlo hasta que acceda a hacer una muy buena transferencia de dinero a alguna de mis cuentas, ya lo decidiré en el hotel.
››Por supuesto él paga una suite y yo mantengo un bajo perfil, de acuerdo a mi modus operandi me lo follo antes de comenzar mi verdadero propósito; él resulta ser bastante agresivo y aunque eso me agrada no lo salvará de una muerte segura, evidentemente no conseguiré nada de él por las buenas así que extraigo mi .45 de mi bolsa y lo amenazo. Contrario a lo que imagino él comienza a reírse a carcajadas.
››-¿Crees que esto es un juego, imbécil? – le digo furiosa y le disparó en el muslo izquierdo, él sólo se ríe más fuerte aun cuando comienza a sangrar. Mi ira aumenta y le disparo en el abdomen, él toca la sangre brotante sin dejar de reír, me exaspero y le disparo en la cabeza, él cae al piso y  me acerco para dispararle dos veces más esparciendo sus sesos por el suelo. Demasiado frustrada busco su cartera en sus pantalones que habían quedado en el suelo sabiendo que tendré conformarme con el dinero que encuentre ahí, dudo que sea mucho, ya nadie carga con efectivo.
››- Liss… Liss… Liss…- volteo alarmada al ver que aquel hombre está detrás de mí, salpicado de sangre pero sin marcas de bala - ¿No deberías asegurarte de que tú víctima está muerta antes de husmear en sus pertenencias? – no podía explicarme lo que sucedía… ¿cómo seguía vivo? ¿De verdad era el mismo hombre? Miro detrás de él confirmando que no había ningún cuerpo en el suelo.  Tengo tantas incógnitas que resolver y sólo puedo formular la más estúpida de ellas.
››- ¿Cómo sabes mi nombre? – él no me lo había preguntado en toda la noche y yo tampoco me había molestado en decírselo.
››- ¿En serio es lo que vas a preguntarme? ¿Nada acerca de cómo saqué esto de mi cabeza? –   Pronunció divertido mientras mostraba tres balas sobre su palma – te conozco Liss, te he vigilado desde hace tiempo, aun antes que comenzaras tu pequeña carrera criminal, me agrada tu forma de pensar.
››-¿Quién eres? – a pesar de la extraña situación recupero la compostura, por supuesto él no era un ser humano pero tampoco quería dañarme o ya lo habría hecho.
››-Eso no es importante sino lo que viene a ofrecerte, la oportunidad de cumplir tu anhelado sueño.
››- El burdel… - pronuncio enseguida, la sonrisa en su rostro me indica que estoy en lo correcto - ¿a cambio de qué?
››-Dolor, sufrimiento, muerte, tú eres una experta en ello.
››-¿Entonces me construirás un burdel sólo por seguir asesinando?
››-Yo no haré nada, mientras más dolor y malicia traigas a este mundo el burdel será más grande. ¡Imagínalo Alyssa! – mi mente se llena de vívidas imágenes de personas realizando orgías en una elegante estancia, cientos de cuartos de temáticas tan diversas desde un circo hasta un cementerio, habitaciones repletas de seductoras mujeres preparándose para complacer a los ansiosos clientes y un gran escenario con un espectáculo digno de un teatro parisino, era tan real que podría jurar que había estado ahí, seguramente aquel ser estaba jugando con mi mente, pero aun así la propuesta es sumamente tentadora.
››-Bien, acepto el trato.
››-En ese caso necesito que cometas tu primer asesinato para mí –dice entregándome el revólver.
››-Claro, ¿a quién tengo que matar?
››-A ti misma. – la respuesta me sorprende, aquello no tiene lógica alguna. Pienso en cómo las balas no lo dañaron a él y en lo poco que puedo perder. Respiro hondo, abro la boca, apunto hacia arriba y jalo el gatillo. Pierdo la conciencia.
››Cuando despierto, reencarno o lo que haya sucedido, estoy en el lugar que había visto en sueños, es mucho más pequeño pero es el mismo sitio sin duda alguna.
››-Este lugar es tuyo Alyssa, para disponer de él como gustes, irás descubriendo que es un buen negocio inicial y que mientras cumplas con nuestro trato crecerá ilimitadamente, de lo contrario  irá derrumbándose poco a poco, todo depende de ti.
- Entonces… ¿eso es lo que pasa? ¿Todos son inmortales en el burdel? Pero… ¿y los clientes?
-No somos inmortales Jennifer, ya estamos muertos, somos una especie de… súcubos e íncubos, por decirlo de alguna forma, mientras el lugar se alimenta del dolor y la muerte, nosotros nos alimentamos del placer, ya sea propio o de los clientes. Es por eso que nombré este lugar “El burdel de las parafilias”, mientras más retorcido e intenso sea el placer que provocamos, nosotros nos fortalecemos. Con respecto a los clientes, tenemos la facultad de revivirlos y restaurar su cuerpo, aunque no lo hacemos del todo ya que conllevaría un gasto mayor de energía del que obtenemos de ellos, por lo tanto les quedan unas cuantas secuelas, pero nada que resulte intolerable.
- De acuerdo…pero ¿yo qué tengo que ver en todo esto? ¿De qué podría servirte mi ayuda? Por lo que veo el burdel ya es lo suficientemente grande y debes tener suficientes clientes para mantenerlo así.
- Claro que hay muchos clientes, cientos de ellos, pero sólo un mínimo de ellos son violentos o sumisos, quiero que crees espectáculos para que les muestres el erotismo en la sangre, que dejen de lado su temor y se aventuren a probar lo que han visto en escena, que golpeen, torturen y maten para luego volver y pedir hacerlo de nuevo. Eso es lo que necesito, lo que necesita el burdel para no volver a ser una pocilga. Así que, ¿qué me dices?
-¿Crear espectáculos gore para alimentar a un lugar sediento de muerte y a un montón de súcubos?, me parece bien ¿dónde firmo? – no había rastro de sarcasmo en la voz de Jennifer, ella de verdad ansiaba ese empleo.
-Bueno, tendrás que hacer algo más que firmar, eres una chica lista, supongo que ya te lo imaginarás… - en efecto, Jennifer lo había deducido antes de que Alyssa le pusiera el revólver delante; lo tomó, apuntó directo a su sien derecha y disparó.
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Definitivamente ese había sido el momento más desagradable de la entrevista, aunque no recordaba haber sentido dolor alguno el terror psicológico fue suficiente, aunque ahora que estaba muerta no notaba ninguna diferencia, la comida sabía igual, su cuerpo se sentía igual, nada parecía haber cambiado y muchas veces se preguntaba si de verdad había fallecido, pero nunca le daba mucha importancia.
Volvió al presente, tenía que terminar su proyecto para el show de la próxima semana y su mente estaba completamente en blanco, miró la hora y se rio histéricamente con su vocecilla aguda, para ese momento Alyssa estaría terminando con otra entrevista y tendría que acudir a su cita con el cliente que la solicitó en su fantasía. Moriría – otra vez – por ver su reacción cuando aquel hombre entrara a la habitación, aunque sería aún mejor presenciar el castigo que le propinará por su osadía.

ALYSSA ROMANOVA
Finalmente había terminado la entrevista con aquella chica pelirroja de enorme frente que resultó ser hija de Nacho Sixxx y ahora caminaba como un condenado a muerte hacia la habitación 205. Susurraba palabras obscenas, injuriaba todo lo existente y sobretodo profería maldiciones a su estúpido eslogan acerca de cumplir CUALQUIER fantasía. Ahora tenía que andar por el burdel como si fuera otra de las prostitutas con los pechos a punto de escaparse de ese diminuto vestido que el cliente había elegido personalmente, al menos agradeció no haber recibido instrucciones de cómo debía comportarse. Pero claro, esto se ganaba por dejar que Jennifer hiciera las entrevistas mientras ella se tomaba su primer día libre en cinco años, quizá hasta ella lo había sugerido, pero ya se las vería con esa pequeña mujer cuando terminara con ese suplicio.
Al llegar a la habitación se colocó el velo de monja que le habían indicado usar y entró, la luz amarillenta le dio directamente en el rostro, era una réplica exacta de una parroquia que ella conocía bastante bien, apenas podía resistir salir de ese lugar para encontrarse con su fachada gótica horriblemente pintada de naranja. Desde entonces supo que aquello sólo empeoraría cada vez más.
Infantil gimoteo se escuchaba a pesar de que no había otra persona en la pretendida iglesia además de una joven de cabello corto sentada en la primera banca del lado derecho del altar. Odiaba el sentimiento de claustrofobia y deja vú  que le causaba aquel lugar, decidió sentarse en una de las bancas y esperar.
Repentinamente escuchó la puerta abriéndose, no quiso voltear, no sentía ninguna prisa por conocer a aquél hombre, los pasos se acercaban cada vez más y la inquietó su caminar y su aroma, supo quién era mucho antes de mirarlo, alzó la mirada hacia el altar sólo para confirmarlo con terror, los grandes ojos ámbar y los carnosos labios torcidos en una sonrisa perversa que mostraba unos enormes dientes afilados, era el hombre que más había amado y odiado en su vida, Zaireth, disfrazado como un sacerdote.
Únicamente pensó salir del lugar enseguida, corrió hacia la puerta pero al intentar abrirla recordó que nadie puede dejar las habitaciones hasta que el cliente lo deseé. Mientras ella estaba abstraída en sus pensamientos, Zaireth se había quitado el cíngulo, se acercó sigilosamente a ella y lo ató fuertemente alrededor de su cuello asfixiándola, la condujo hasta una pileta de agua bendita y le sumergió el rostro en ella, al verla inclinada no pudo evitar subir su diminuto vestido comprobando que no llevaba ropa interior, mirar ese hermoso trasero y aquella vagina perfectamente depilada lo excitaban demasiado, pero debía ser paciente, aún tenía muchos planes por realizar así que tomó un crucifijo de madera y lo introdujo violentamente en aquella cavidad, Liss se retorció de dolor, pues el Cristo metálico en él estaba rasgando su vagina y además se quedaba sin oxígeno.
Zaireth estaba distraído mientras la penetraba con aquel trozo de madera así que la europea consiguió golpear su entrepierna, alzó su rostro empapado y respiró convulsivamente, buscó en el suelo su candelabro y volvió a empuñarlo, mientras él seguía retorciéndose de dolor pateó su cabeza derribándolo y lo golpeó nuevamente con el porta velas, normalmente lo hubiera seguido golpeando hasta escuchar su cráneo romperse, pero por alguna razón no se atrevía a matar a ese hombre, era una estupidez ya que luego podría revivirlo…
Antes de que pudiera realizar algún movimiento, un enorme puño golpeó su rostro interrumpiendo sus pensamientos, mientras estaba aturdida Zaireth le ató las muñecas a la espalda y la cargó hacia las bancas, la ató a una de estas incluyendo su larga cola de caballo para que mantuviera la cabeza en alto y volvió a colocarle el velo húmedo.
El apócrifo sacerdote condujo a la chica que había visto Alyssa hacia el altar, así pudo verla bien, era una chica con uniforme de escuela católica, el cabello castaño le llegaba hasta los hombros y le cubría el rostro parcialmente, Liss sabía bien quien era, la había visto miles de veces pero no sin un cristal de por medio, era ella misma, quince años más joven. Con su trabajo creía que ya no le sorprendería nada, pero nunca se habría imaginado algo como esto, le parecía increíble aún para el burdel, quiso correr hacia la chica para comprobarlo pero lo único que consiguió fue dañar sus muñecas con las cuerdas.
-¿No es hermosa, Liss? Una pequeña de doce años aún incorrupta, inocente y virginal, dijo él mientras desabotonaba el suéter de la colegiala y bajaba el cierre de su pequeño vestido gris hasta dejarlo caer al suelo, dejando a la chica apenas con una ligera blusa blanca que se transparentaba.
Liss forcejeaba en su banca mientras veía como aquella chica tímida temblaba de terror, había visto miles de asesinatos y cometido personalmente un centenar, sin embargo verse a sí misma siendo ultrajada era vivir un horrible flashback y sólo quería que terminara. Zaireth la despojó de su blusa y se la arrojó a Alyssa, le retiró la ropa interior con torturante lentitud dejándola indefensa y desnuda.
-Mírala Alyssa, su hermoso e inmaculado cuerpo, ¿lo recuerdas? Yo sí, bastante bien – dijo mientras acariciaba a la angustiada chica cuyas mejillas brillaban húmedas por sus lágrimas, besó suavemente su hombro mientras pellizcaba uno de sus pezones, ella comenzó a gimotear de terror cuando él bajó la mano hasta su pubis. Liss estaba cada vez más desesperada, no quería revivir aquel momento, quería asesinar a aquel hombre.
-Oh no te preocupes, no voy a corromperla a ella también.
Tras pronunciar aquellas palabras la ató a la gigantesca cruz que se encontraba debajo de él y extrajo un martillo y varios clavos de al menos diez centímetros de largo, tomó el primero de ellos y lo clavó sobre la muñeca izquierda de la chica, el sonido del metal atravesando piel y hueso resonó por el lugar así como un escalofriante grito de dolor, el sacerdote repitió el proceso con la otra muñeca, la versión adolescente de Liss lloraba y suplicaba por su vida agitándose tan sólo consiguiendo que más sangre brotara de su muñecas.
El hombre se arrodilló frente a ella casi fervorosamente, tomó otro clavo, lo posicionó sobre uno de sus frágiles tobillos y martilleó fuertemente rompiendo el hueso, el otro tobillo cedió más fácilmente. La voz de la pequeña Liss se había reducido a un susurro agónico. Zaireth la miró con lujuria, introdujo su lengua en la boca de la chica mientras acariciaba su clítoris con movimientos circulares y con otro dedo recorría la entrada de su vagina que comenzaba a humedecerse.
-¿Lo ves, Alyssa? ¡Lo está pidiendo a gritos! A pesar del dolor y el temor ella sólo puede pensar en sexo. Pero no, ella no lo tendrá, nunca.
De nuevo buscó bajo el altar encontrando unas tijeras largas y delgadas, se acercó a la chica con ellas deslizándolas desde el pecho incipiente de la chica hasta su monte de venus provocándole un visible escalofrío. Separó sus labios vaginales dejando expuesto aquel pequeño bulto carnoso que era su clítoris y lo cortó de tajo provocando un sangrado inminente además de un nuevo aullido de dolor.
Liss no sabía si se trataba de la impresión ante tal espectáculo o si realmente tenía una conexión con su versión adolescente pero había sentido el frío de las tijeras en su propia vagina y el horrible dolor punzante cuando se cerraron.
Zaireth puso uno de los largos portavelas sobre el fuego de un cirio y contempló a la chica mutilada desaprobadoramente.
-Esto está muy mal…me parece demasiado profano representar a Cristo con una mujer, tendremos que arreglarlo. – dijo obsequiándole a Alyssa una de sus tétricas sonrisas en las que retraía sus labios dejando completamente al descubierto sus enormes e inhumanamente afilados dientes. Viró hacia la crucificada y mordió con fuerza uno de sus pechos hasta que le arrancó un gran trozo de piel para luego escupirlo sobre el altar, la chica chilló de dolor mientras abundante sangre chorreaba de su pecho izquierdo. El sacerdote aún mostraba su sonrisa teñida de escarlata y siguió con su tarea, rasgando los pequeños senos hasta que quedaron convertidos en jirones rojizos.
– No, esto sigue estando mal… - inmediatamente tomó las tijeras y caminó rápidamente hasta el confesionario. Abrió una de las puertas y dentro de ella encontró a un pequeño monaguillo rubio realizándole un felattio a un  obeso y calvo sacerdote, Zaireth pateó al niño, cortó el pene erecto del hombre y empujó la puerta del confesionario sin importarle el clérigo que intentaba desesperadamente contener el flujo de sangre.
-Ah, padres pederastas, son tan fáciles de encontrar.
Tomó con precaución el porta velas cuya punta estaba ya al rojo vivo, colocó el miembro cercenado sobre la chica y fundió la carne con el metal caliente, ésta siseo un poco y se ennegreció ligeramente pero quedó bien adherida.
Al hombre seguía sin satisfacerle la decoración. Regresó al confesionario encontrando al pequeño niño llorando fuera de él, lo cargó y lo llevó hasta el altar, le quitó su hábito descubriendo que no llevaba nada debajo. Era un hermoso niño de ocho años, de cabellera rubia y grandes ojos azules, resultaba perfecto para lo que planeaba. Tomó las tijeras y las clavó en la unión entre el cuello y su espalda desplazándolas hacia abajo mientras el niño forcejeaba inútilmente. Tuvo que repetir el procedimiento hasta que la herida fue lo suficientemente profunda, separó piel y músculo hasta dejar expuestas las costillas y pulmones, introdujo una mano en el cuerpo del infante extrayendo estos, causándole una inminente muerte. Colocó el cuerpo inerte sobre el altar y con ayuda del martillo fue aplastando las costillas con cuidado de no romperlas, deformándolas hasta que sobresalieron  de su espalda dándole la apariencia de alas hechas de hueso, al terminar le puso una cuerda alrededor del cuello y lo colgó de un ostentoso candelabro, con aquella iluminación lucía como un macabro querubín.
Nuevamente vislumbró la escena, se alejó unos pasos para contemplarla en su totalidad, el Cristo transexual y el querubín de las alas óseas, quedó complacido, ahora era tiempo de la comunión. Desató el nudo que mantenía a Alyssa en la banca y la cargó sobre su hombro derecho para luego depositarla sobre los senos extirpados de su versión adolescente, pasó la cuerda que aún sostenía sus muñecas por debajo del altar y la anudó en sus tobillos; con la cuerda sobrante ató sus rodillas a los extremos del mueble para que mantuviera las piernas separadas.
Debajo del altar se encontraban un cáliz con vino  y unas ostias, fingió consagrarlas frente a Liss, remojó una de ellas en vino y la introdujo en su vagina, el vino tinto le causó un ligero escozor que olvidó cuando ese hombre empezó a lamer su clítoris lentamente, los lengüetazos se transformaron en ligeras succiones y pequeñas mordidas que lograron que ella gimiera de gozo aún contra su voluntad. El hombre derramó vino sobre el manjar que degustaba provocándole un ardor a Alyssa que no hacía más que excitarla más, Zaireth introdujo su lengua en aquella vagina encontrando la ostia empapada de vino y líquidos vaginales, aquella combinación le pareció exquisita.
Resistirse a penetrarla era imposible, se quitó la sotana dejando al descubierto su gran miembro y lo introdujo dentro de la dueña del burdel, ella clamó de gozo y él de inmediato sintió aversión, aquello no era para el deleite de ella, si no el suyo. Buscó las tijeras y las clavó en el abdomen de Liss deslizándolas hasta su pubis, haciendo que la sangre derramada se mezclara con el vino en el cáliz mientras los gritos de dolor de la europea resonaban por la iglesia.
Él penetró nuevamente a la mujer, vertió un poco del vino adicionado con sangre sobre sus labios que apenas seguían moviéndose y derramó el resto sobre su propio cuerpo, animado al ver su cuerpo con aquel elixir rojizo introdujo las manos en la nueva cavidad que había creado presionando los órganos internos de la mujer alrededor de su pene mientras empujaba con más fuerza, la presión de sus manos y la sensación suave y tibia de aquellas entrañas rozando su miembro era algo inigualable por lo que no tardó en correrse dentro del cuerpo apenas con vida de Liss.
Alyssa sólo podía pensar en una persona mientras su cuerpo era profanado y no se trataba del hombre sobre ella, sino en la chica que había permitido que eso sucediera…

Jennifer por fin había terminado con la cursilería que le había sido encomendada y estaba adhiriendo el boceto junto a sus dos anteriores trabajos cuando su puerta se abrió de pronto, apenas alcanzó a distinguir a Liss furiosa sosteniendo un hacha antes de que el arma cayera sobre uno de sus brazos separándolo de su cuerpo. Antes de poder preguntarle algo a su jefa ella volvió a atacarla, el hacha golpeó sus piernas, su abdomen, manchándolo todo de rojo hasta que el arma golpeó directamente su cabeza partiéndola en dos hasta la mandíbula. La matrona liberó el hacha del cráneo con ayuda de sus tacones y dejó una nota en el restirador ensangrentado:
“Cuando te regeneres limpia las habitaciones de los coprófilos y pasa a mi oficina. Alyssa Romanova”